D’Onofrio: los US$ 80 millones que pagó Nestlé por la marca peruana que transformó el mercado de helados

Hace casi 30 años, Nestlé desembolsó US$ 80 millones por D’Onofrio, una operación que consolidó su liderazgo en helados, panetones y golosinas en el Perú y convirtió a la planta local en eje de innovación regional.

El reciente anuncio de Nestlé sobre su retiro del negocio global de helados vuelve a poner en perspectiva una de las operaciones más relevantes del sector alimentos en el Perú: la compra de D’Onofrio a fines de la década de 1990, una adquisición que marcó un punto de inflexión en la industria local.

Una marca dominante en los noventa

En los años noventa, D’Onofrio ya era un actor dominante, con más del 70% del mercado limeño de helados. Bajo el control de la familia Rodríguez Banda, del Grupo Gloria, la compañía contaba con un portafolio sólido, una red de distribución consolidada y una marca con alto posicionamiento.

El atractivo estratégico era evidente. Multinacionales como Unilever, Nabisco y Philip Morris mostraban interés por la empresa. Sin embargo, Nestlé optó por una compra directa como vía de entrada y expansión en el mercado peruano.

La cifra de la operación

La transacción se cerró por US$ 80 millones, reflejando el valor estratégico de la marca y su capacidad de generación de ingresos. Solo la división de helados facturaba alrededor de US$ 35 millones anuales, respaldada por una distribución masiva y productos de alta recordación.

Con esta compra, Nestlé no solo consolidó su liderazgo en helados, sino que reforzó su presencia en chocolates y panetones, ampliando su integración en el consumo masivo peruano.

De tradición familiar a plataforma regional

Los orígenes de D’Onofrio se remontan a 1897, cuando Pedro D’Onofrio inició el negocio en Lima con la venta del helado Imperial. Con el paso de las décadas, la empresa diversificó su portafolio: en 1924 inauguró una fábrica de chocolates y en 1926 lanzó Sublime, reduciendo la estacionalidad del negocio.

Tras la adquisición, la planta local pasó a desempeñar un rol estratégico dentro del grupo suizo, funcionando como centro de innovación y desarrollo de productos para la región. Varios lanzamientos concebidos en Perú se replicaron luego en otros mercados.

Competencia y consolidación

Incluso con la aparición de competidores locales como Lamborgini, D’Onofrio bajo la administración de Nestlé mantuvo su liderazgo. La fortaleza de la marca, la expansión de su red de carritos amarillos y su estrategia de distribución fueron claves para sostener el dominio del mercado por décadas.

Futuro en evaluación

A nivel global, Nestlé informó que mantiene negociaciones avanzadas para vender su negocio de helados a Froneri, ‘joint venture’ que opera junto a PAI Partners. La decisión responde a una estrategia de concentración en categorías consideradas prioritarias dentro de su portafolio.

Hasta el momento, la multinacional no ha precisado el futuro específico de D’Onofrio en el Perú. La compañía señaló que se encuentra evaluando los próximos pasos y que comunicará oportunamente cualquier definición.

Tres décadas después de aquella operación de US$ 80 millones, la marca peruana vuelve a situarse en el centro del debate estratégico, esta vez en un contexto de reordenamiento global del negocio de helados.