Perú busca aprovechar la mayor demanda de cobre mediante más producción, transformación industrial y recuperación del metal.
La demanda mundial de cobre podría superar en 10 millones de toneladas la capacidad de producción disponible hacia 2030, según proyecciones citadas por INDECO by Nexans. El escenario plantea nuevos desafíos para los países productores y abre oportunidades para Perú, tercer productor mundial y poseedor de la segunda mayor reserva del metal.
El crecimiento esperado de la demanda está relacionado con la electrificación, la expansión de las energías renovables, los vehículos eléctricos, los sistemas de transporte y la digitalización industrial. En este contexto, el reto no solo pasa por aumentar la extracción, sino también por procesar una mayor proporción del cobre dentro del país y recuperar el metal de productos que llegaron al final de su vida útil.
Producción de cobre en Perú creció 1,9% en el primer semestre
El Ministerio de Energía y Minas (Minem) informó que Perú produjo cerca de 1,36 millones de toneladas métricas de cobre entre enero y junio, lo que representó un incremento de 1,9% frente al mismo período del año anterior.
A esta capacidad productiva se suma una cartera minera estimada en US$67.000 millones, según el Instituto de Ingenieros de Minas del Perú (IIMP). Cerca de 70% de ese monto corresponde a proyectos cupríferos.
Este volumen de inversión podría incrementar la participación peruana en el mercado internacional en un escenario de mayor demanda. Sin embargo, el desafío también está en elevar el valor que permanece en el país mediante una mayor transformación del cobre en productos industriales.
La electrificación presiona la oferta mundial de cobre
INDECO by Nexans calcula que la demanda global de cobre podría alcanzar 40 millones de toneladas en 2030, mientras que la capacidad productiva se situaría alrededor de 33 millones de toneladas.
La diferencia sería de aproximadamente 10 millones de toneladas, un volumen que, según la empresa, requeriría acelerar considerablemente la expansión de la oferta minera. Históricamente, un aumento de esa magnitud habría requerido cerca de 25 años de expansión de la producción.
La presión sobre el suministro está vinculada al papel del cobre en las redes eléctricas, las energías renovables, los vehículos eléctricos, los sistemas de transporte y los procesos de digitalización industrial. De acuerdo con la empresa, hacia 2035 la capacidad minera instalada a escala global se acercaría a su límite.
Para las compañías mineras y los proyectos de infraestructura, esta situación puede incorporar la disponibilidad de cobre como un factor adicional dentro de la planificación de abastecimiento, junto con los costos, los plazos de entrega y los contratos de provisión.
Del cátodo al cable, el cobre puede generar más valor en Perú
El cobre extraído en las operaciones mineras puede comercializarse como cátodo o continuar con otras etapas de transformación. Entre ellas se encuentran la producción de alambrón y cables, utilizados en maquinaria y equipos de las propias operaciones mineras.
“Las minas producen cátodos y nosotros los convertimos en alambrón y luego en cable. Son dos etapas en las que agregamos valor al cobre dentro del país”, afirmó Fernando Sandoval, gerente de Ventas para Minería de Nexans, según un comunicado de la compañía.
El ejecutivo también señaló que la recuperación del metal al final de la vida útil de los cables puede convertirse en una tercera etapa para mantener el cobre dentro del circuito productivo.
La compañía compra cátodos a productores locales y les suministra conductores para sus operaciones, integrando distintas etapas de la cadena vinculada al metal.
El reciclaje puede reducir la necesidad de cobre nuevo
La recuperación de cobre aparece como una alternativa ante el crecimiento previsto de la demanda mundial. Nexans estableció como objetivo que 25% del cobre utilizado en sus cables provenga de material reciclado hacia 2028.
La empresa también indicó que su planta en Perú opera con energía de origen renovable.
El reciclaje permite reducir la necesidad de incorporar cobre virgen a determinados procesos, aunque no elimina la necesidad de nueva producción. Además, puede contribuir a disminuir la huella de carbono asociada con los materiales utilizados en actividades mineras y proyectos de infraestructura.
Según los datos presentados por Nexans, los conductores metálicos representan entre 70% y 90% de la huella de carbono de un cable eléctrico. Por ello, la trazabilidad del cobre y la información sobre su origen adquieren mayor importancia en licitaciones mineras y de infraestructura.
La pureza del cobre también influye en su desempeño
La calidad del metal es otro factor relevante para las aplicaciones industriales. Un cobre con una pureza de 99,9% ofrece una mayor conductividad eléctrica, lo que permite reducir las pérdidas durante la vida útil de una instalación.
Esta característica cobra especial importancia en operaciones ubicadas a más de 4.000 metros de altitud, donde los conductores están expuestos a humedad, golpes, arrastre de materiales y otras condiciones que demandan un mayor desempeño.
Sandoval planteó que la industria debe combinar la producción minera con la transformación industrial y el reciclaje para aprovechar de manera más eficiente el recurso. El objetivo es que cada tonelada de cobre pueda mantener su valor durante más etapas de la cadena productiva.




