La fortaleza de los indicadores económicos en Estados Unidos contrasta con un escenario de creciente incertidumbre política y monetaria, marcado por tensiones entre la Casa Blanca y la Reserva Federal, presiones inflacionarias persistentes y un entorno geopolítico que mantiene a los mercados en máxima cautela.
Esta sesión de mercado se ha caracterizado por una amalgama de tensiones geopolíticas, presiones sobre la independencia de las instituciones monetarias y un flujo de datos macroeconómicos que, si bien muestran resiliencia en el consumo, mantienen a la Reserva Federal en un estado de vigilancia extrema. La narrativa del día ha estado dominada por la confrontación directa entre la administración Trump y la cúpula de la Fed, sumado a una escalada en la retórica de defensa sobre Groenlandia y movimientos inminentes en el tablero militar de Oriente Medio. En el plano corporativo, la temporada de resultados bancarios ha dejado un sabor agridulce, con cifras que superan estimaciones en ingresos operativos pero que reflejan la cautela de las grandes entidades ante un entorno de tipos restrictivos y posibles reestructuraciones laborales.
La actividad económica en Estados Unidos continúa mostrando un crecimiento de ligero a moderado, según el reciente Beige Book de la Reserva Federal, donde ocho de los doce distritos reportaron expansión, tres se mantuvieron estables y solo uno mostró un descenso moderado. A pesar de este optimismo, los datos de inflación y empleo generan una dicotomía en el seno del FOMC. Por un lado, las ventas minoristas de noviembre sorprendieron al alza con un crecimiento real del 0.6% MoM (frente al 0.5% esperado), y las ventas básicas se situaron en el 0.5%. Sin embargo, el Índice de Precios al Productor (IPP) interanual escaló al 3%, superando el 2.7% previsto, lo que subraya la persistencia de las presiones en la cadena de suministros. En el frente de la vivienda, las ventas de viviendas existentes mostraron una robustez inusual con 4.35 millones de unidades, un incremento del 5.1%, muy por encima del 2.18% proyectado. Paralelamente, la Fed de Atlanta ajustó su estimación del GDPNow para el cuarto trimestre al 5.3%, reflejando una economía que se niega a enfriarse al ritmo deseado por los halcones del banco central.
Las intervenciones de los miembros de la Fed han sido profusas y cargadas de matices estratégicos. Kashkari enfatizó que la expansión del balance no debe confundirse con una flexibilización cuantitativa (QE) y defendió el objetivo de inflación del 2%, aunque admitió que el mercado laboral muestra signos de debilidad en una economía en forma de K. Por su parte, Bostic mantuvo un tono restrictivo, señalando que la inflación sigue bastante lejos del objetivo y que la fragilidad en la contratación inicial podría estar vinculada a la adopción de la IA. En contraste, Stephen Miran adoptó una postura más expansiva al sugerir la necesidad de recortes de 150 puntos básicos este año, argumentando que la desregulación prometida por la administración Trump actuará como un choque positivo de oferta que reducirá la inflación de forma orgánica en medio punto porcentual al año. La tensión política ha escalado a niveles judiciales tras conocerse que la fiscal Jeanine Pirro ha emitido citaciones de un gran jurado a la Fed por presuntos sobrecostes de 2,500 millones de dólares en la renovación de su sede, un movimiento que senadores como Kevin Cramer sugieren podría ser una moneda de cambio para forzar la dimisión de Jerome Powell. No obstante, documentos revelan que Powell informó detalladamente al Congreso sobre estos gastos desde julio pasado, lo que podría desvirtuar las acusaciones de falta de transparencia.
En el sector corporativo, los resultados bancarios han inaugurado la temporada con reportes mixtos. Bank of America superó las expectativas con ingresos netos de 28,370 millones de dólares y unos ingresos por trading de 4,530 millones. Wells Fargo, aunque superó en ingresos totales con 21,290 millones, reportó activos improductivos por 8,500 millones, una cifra significativamente superior a los 1,910 millones estimados, lo que encendió alarmas sobre la calidad crediticia. Citigroup presentó ingresos ajustados de 21,000 millones de dólares, superando ligeramente las previsiones, aunque su BPA de 1.19 dólares quedó por debajo del 1.67 esperado; su CEO advirtió sobre futuros recortes de empleo para eliminar viejos malos hábitos operativos. En el sector tecnológico, la volatilidad golpeó a Nvidia tras informes de que China restringirá el uso de sus chips H200 a circunstancias especiales, a pesar de que EE. UU. autorizó su exportación bajo condiciones estrictas. Meta anunció el despido de 1,500 empleados de su división de Metaverso, reflejando un giro hacia la eficiencia. Por otro lado, Tesla enfrenta desafíos logísticos en India, ofreciendo descuentos de hasta 200,000 rupias para liquidar el stock acumulado del Modelo Y.
La cuestión de Groenlandia se ha convertido en un punto de fricción diplomática de primer orden entre Estados Unidos y el bloque europeo. Mientras el presidente Trump insta a la OTAN a exigir la expulsión de rusos y chinos del territorio, Dinamarca y Groenlandia han formado un frente unido bajo la premisa de que eligen mantener su alianza actual. No obstante, se espera que el vicepresidente JD Vance encabece conversaciones cruciales en la Casa Blanca esta semana. El Ministerio de Defensa danés ya ha anunciado la ampliación de su presencia militar en la isla en cooperación con aliados de la OTAN. En el Reino Unido, Ramsden del Banco de Inglaterra observó una moderación alentadora en los salarios, aunque advirtió que el mercado laboral sigue debilitándose con un aumento en los despidos y situó la tasa neutral en un rango del 2-4%. Asia reportó movimientos significativos en Japón, donde el rendimiento del bono a 5 años alcanzó su nivel más alto desde el año 2000 ante la posibilidad de elecciones en febrero y la postura firme de Ueda sobre la senda de subidas de tipos.
China, por su parte, alcanzó un superávit comercial récord de 1.2 billones de dólares en 2025, pero ha elevado el coeficiente de financiación con margen al 100% para contener riesgos sistémicos. Finalmente, en el mercado de materias primas y criptoactivos, el cobre alcanzó un nuevo máximo histórico, mientras que el Bitcoin recuperó el nivel de los 95,000 dólares tras liquidaciones de 400 millones en cortos. En energía, la OPEP mantuvo sus previsiones de demanda para 2026, mientras los inventarios de la EIA subieron inesperadamente en 3.39 millones de barriles
De acuerdo en con mi experiencia lectura de flujos y volumen, observo un escenario de extrema fragilidad donde la resiliencia del consumo estadounidense choca con un IPP persistente, invalidando la narrativa de desinflación inmaculada. El análisis cuantitativo de los flujos en el mercado cripto revela una asimetría estructural peligrosa: el reciente short squeeze que llevó al Bitcoin por encima de los 95,000 dólares liquidó más de 400 millones de dólares en posiciones cortas apalancadas en apenas 60 minutos, un movimiento puramente técnico que ha dejado el mercado con un Open Interest vulnerable. Mi lectura quirúrgica de los datos muestra que, mientras los flujos hacia ETFs de contado (spot) alcanzaron los 753.7 millones de dólares —el nivel más alto desde octubre—, gran parte de esta liquidez es retail entrando en zonas de resistencia psicológica extrema cerca de los 100,000 dólares. El mapa de liquidaciones indica una concentración masiva de 10,650 millones de dólares en posiciones largas apalancadas si el precio retrocede hacia los 84,000 dólares, lo que crearía un efecto cascada devastador. En conclusión, nos encontramos ante una encrucijada crítica; la presión política sobre la Fed, sumada a la inminente posibilidad de una ofensiva militar contra Irán, está configurando un escenario de «vuelo a la calidad» que podría disparar el USD. Proyecto que el impacto diario en la moneda será de una volatilidad agresiva, con el DXY buscando niveles de ruptura si el Tribunal Supremo ratifica la potestad arancelaria de Trump. En mi gestión, priorizaría la protección de márgenes ante el endurecimiento involuntario de las condiciones financieras, ya que la estabilidad institucional es el activo subyacente que realmente está en juego ahora mismo.
Felipe Mendoza, CEO IMB Capital Quants






