Un ambicioso sistema subterráneo de transporte de agua desalada busca asegurar el abastecimiento en uno de los países más áridos del planeta, con inversiones millonarias y plazos que se extienden hasta 2030.
Arabia Saudita avanza en una de las infraestructuras hídricas más complejas de su historia, un sistema subterráneo de gran escala que permite llevar agua potable, producida a partir del mar, hacia ciudades y comunidades ubicadas en pleno desierto. En un territorio sin ríos ni lagos naturales, la ingeniería se ha convertido en el principal recurso para sostener el crecimiento económico y poblacional.
Del Mar Rojo al interior del país
El proceso se inicia en Ras Mohaisen, donde plantas desalinizadoras de gran capacidad transforman el agua marina en potable mediante ósmosis inversa. Una vez tratada, el recurso es transportado a través de extensas tuberías subterráneas que atraviesan estaciones de bombeo y zonas de clima extremo hasta llegar a regiones históricamente afectadas por la escasez hídrica. Aunque no se trata de un río natural, su magnitud y alcance lo han convertido en el eje del sistema de distribución de agua del país. La producción parcial está prevista para 2028 y la capacidad total se alcanzaría hacia 2030.
Una política de agua pensada a largo plazo
Actualmente, Arabia Saudita opera 31 plantas desalinizadoras en 17 ubicaciones estratégicas, con más de 10.000 trabajadores dedicados a este sector. A ello se suman nuevos proyectos en construcción, dentro de un plan de expansión que supera los 24.000 millones de dólares en inversión. La desalinización se ha vuelto clave para cubrir la demanda de hogares, agricultura e industria, y forma parte de una estrategia que el país desarrolla desde inicios del siglo XX.
El contexto regional y global
La apuesta saudí se inscribe en una tendencia más amplia en Medio Oriente, una de las regiones más áridas del mundo, donde la combinación de climas extremos y economías con alta capacidad de inversión ha impulsado soluciones tecnológicas a gran escala. A nivel global, más de 150 países ya utilizan sistemas de desalinización como respuesta estructural a la escasez de agua.
Más allá de su impacto inmediato, el proyecto simboliza cómo la innovación y la ingeniería se están convirtiendo en factores estratégicos para la seguridad hídrica, un desafío que cada vez gana mayor peso en la agenda económica y ambiental internacional.






