Crisis política en Perú: cómo evaluar riesgos y mantener el negocio a flote en tiempos de incertidumbre

Evaluar riesgos en tiempos de incertidumbre no implica paralizar decisiones, sino tomar mejores decisiones.

La inestabilidad política volvió a instalarse en el centro del debate público en el Perú, pero su impacto va más allá de la coyuntura institucional. Para las empresas, cada episodio de volatilidad redefine prioridades: decisiones que se postergan, alianzas que se revisan y estrategias que requieren mayor cautela. En un entorno así, la pregunta ya no es cómo evitar la incertidumbre, sino cómo aprender a gestionarla.

En menos de una década, el país ha atravesado múltiples cambios presidenciales y episodios de tensión institucional. Aunque los fundamentos macroeconómicos han mostrado resiliencia, la incertidumbre suele trasladarse rápidamente al ámbito empresarial. El efecto no siempre se refleja en grandes indicadores, sino en riesgos cotidianos: socios que cambian su situación financiera, proveedores con contingencias legales o decisiones tomadas con información incompleta.

Aquí aparece un cambio clave en la forma de entender la gestión empresarial. Tradicionalmente, el riesgo se abordaba de manera reactiva: se analizaba cuando ya había un problema. Hoy, ese enfoque empieza a quedar corto. Informes globales sobre riesgos coinciden en que las compañías están migrando hacia modelos preventivos, donde anticipar escenarios se vuelve tan importante como ejecutar estrategias.

“En contextos de crisis, el riesgo  se incorpora de a poco en las empresas.No es inmediato el impacto, es de a poco. Es por eso que monitorear ahora permite anticiparse al futuro.” explica Vicente Cruz, CEO en Sheriff

En contextos de crisis, el riesgo se incorpora de a poco en las empresas. No es inmediato el impacto, es de a poco. Es por eso que monitorear ahora permite anticiparse al futuro

Desde una mirada práctica, evaluar riesgos en tiempos de incertidumbre no implica paralizar decisiones, sino tomar mejores decisiones. Cruz recomiendan tres principios básicos:

  1. Validar antes de confiar: en entornos volátiles, relaciones comerciales que antes se sostenían en reputación o trayectoria hoy requieren validación más frecuente.
  2. Reducir puntos ciegos: la mayoría de errores empresariales en contextos de crisis no provienen de grandes fallas estratégicas, sino de información incompleta o desactualizada.
  3. Pasar de reacción a prevención: las empresas más resilientes no son las que evitan riesgos, sino las que los identifican antes que el resto.

En adición, la tecnología está facilitando esa transición con  herramientas digitales que permiten integrar datos públicos, señales reputacionales y análisis automatizados para evaluar riesgos en minutos, democratizando procesos que antes estaban reservados para grandes corporaciones.

En América Latina ya existen soluciones que aplican este enfoque de forma sistemática. Plataformas como Sheriff, por ejemplo, utilizan inteligencia artificial para analizar perfiles empresariales y detectar señales tempranas de riesgo en relaciones comerciales. Más allá de la herramienta en sí, el fenómeno refleja una transformación más profunda: la gestión de riesgos está dejando de ser una función secundaria para convertirse en parte del pensamiento estratégico.

En ese sentido, la resiliencia empresarial ya no depende solo de liquidez o tamaño, sino de la capacidad de anticipación. Entender el entorno, cuestionar supuestos y validar información crítica puede marcar la diferencia entre resistir una crisis o retroceder frente a ella.

“La volatilidad no se puede controlar, pero sí es posible reaccionar proactivamente, la única manera de administrar es monitorear en tiempo real. Las empresas que incorporan esa lógica dejan de reaccionar al contexto y empiezan a navegar con mayor claridad”, concluye Cruz.