Ciberataques y fallas operativas: por qué los data centers son críticos para la banca

El sector financiero concentra el 33% de los ciberataques en la región y cada filtración cuesta más de US$2.5 millones. En un entorno 24/7, la resiliencia de la infraestructura ya no es opcional.

El sector financiero opera hoy en un entorno plenamente digital. En el primer semestre de 2025, cada adulto realizó en promedio 1,6 pagos digitales diarios, según el Reporte del Sistema Nacional de Pagos y del Sector Fintech del Banco Central de Reserva del Perú. A nivel global, las transacciones electrónicas crecerán 61% hacia 2030, hasta superar los tres billones, de acuerdo con PwC.

Este avance ha elevado las exigencias sobre la infraestructura tecnológica que respalda estas operaciones. En un sector altamente digitalizado como el financiero, la adopción de inteligencia artificial y automatización, presente ya en el 75% de las empresas en Latinoamérica, según IBM incrementa la necesidad de contar con infraestructura robusta. En este contexto, los data centers son fundamentales para garantizar continuidad operativa y alta disponibilidad.

Caídas que cuestan millones

En el sector financiero, el riesgo es una condición permanente. La alta exposición a ciberataques, sumada a la dependencia de sistemas que operan en tiempo real, convierte cualquier falla tecnológica en una amenaza directa a la empresa. Esta industria concentra el 33% de los ataques de ciberseguridad en Latinoamérica, de los cuales el 50% termina en el robo de datos o credenciales, según el informe X–Force 2025 de IBM. Así pues, el costo promedio de una filtración de datos en América Latina alcanzó los US$2.51 millones el año pasado, pese a una reducción de 9%, reporta la empresa.

“Cualquier indisponibilidad, incluso por minutos, puede afectar miles de transacciones, generar pérdidas económicas y comprometer la confianza de los clientes y reguladores”, comenta Guillermo Bustamante, subgerente de Preventa de Gtd.

El especialista señala que las incidencias más frecuentes incluyen caídas de plataformas transaccionales, problemas de conectividad, fallas eléctricas y ataques directos. Cuando esto ocurre, los sistemas core y de autenticación son los primeros en verse comprometidos, paralizando la operación diaria. Sin ellos, los clientes no pueden acceder a su dinero, realizar pagos ni utilizar los canales digitales.

“Más allá del inconveniente puntual, el mayor impacto es la pérdida de confianza, ya que el cliente espera que un banco sea siempre accesible, seguro y confiable, especialmente en situaciones críticas”, concluye Bustamante.

La infraestructura que sostiene la banca digital

Así pues, en un entorno donde la continuidad es crucial, la infraestructura marca la diferencia. El 61% de los nuevos centros de datos construidos en Latinoamérica en 2025 cuentan con una disponibilidad de 99.98%, lo que reduce significativamente el riesgo de interrupciones, según Mordor Intelligence.

“Los data centers alojan los sistemas críticos que sostienen la operación del banco. Si no es confiable, el banco no puede operar con normalidad”, afirma Bustamante. Por ello, el diseño, ubicación y nivel de resiliencia son factores determinantes para asegurar que los servicios financieros se mantengan disponibles incluso ante fallas o ataques.

De acuerdo con el especialista, un data center para banca debe garantizar alta disponibilidad, redundancia eléctrica y de telecomunicaciones, y capacidad de recuperación ante incidentes. Estos elementos deben integrarse en una estrategia sólida de ciberseguridad que proteja tanto los procesos como la información de los clientes.

Sin embargo, la tecnología por sí sola no es suficiente: también es importante que la organización esté preparada para anticipar riesgos, actuar con rapidez y mantener la continuidad sin comprometer la confianza del usuario. “Se necesita fortalecer la gobernanza, los procesos y la capacitación de las personas, entendiendo que la continuidad del negocio es un tema estratégico y no solo tecnológico”, explica Guillermo Bustamante.

En un sistema financiero que opera 24/7, la disponibilidad es una condición mínima para competir. A medida que crecen las transacciones y los riesgos, la capacidad de anticipar fallas y sostener la operación sin interrupciones marcará la diferencia entre entidades que reaccionan ante las crisis y aquellas que están preparadas para evitarlas.