China construyó islas desde cero en el Mar de China Meridional y redefine la geopolítica regional

Durante 12 años, Pekín transformó arrecifes en islas estratégicas con puertos, pistas y radares, generando tensiones políticas y ambientales.

China ha logrado una de las transformaciones más llamativas del planeta al crear islas artificiales en el Mar de China Meridional. Entre 2013 y 2025, el país vertió toneladas de arena y sedimentos sobre arrecifes de los archipiélagos de Nansha y Xisha (Spratly y Paracels), levantando territorio visible desde satélite y equipado con pistas de aterrizaje, puertos, radares y otras infraestructuras estratégicas.

Ingeniería y consolidación del terreno

El proceso comenzó con el dragado de los arrecifes, mezclando coral y sedimentos hasta formar una base sólida. Luego se instalaron diques de contención y se compactó el terreno antes de construir carreteras, pistas, hangares y puertos. Según la U.S.-China Economic and Security Review Commission, entre 2015 y 2016 China creó alrededor de 12 km² de nueva tierra, 17 veces más que lo logrado por otros reclamantes internacionales en 40 años.

Potencia estratégica y militar

Para Pekín, estas islas son más que ingeniería: son herramientas de poder. Oficialmente, se usan para rescate, navegación, investigación y meteorología, pero análisis occidentales señalan preparación militar, con puertos para buques de guerra, pistas para aviones y plataformas de misiles. Países vecinos como Filipinas, Vietnam, Japón y Taiwán consideran que estas construcciones buscan reforzar el control chino sobre un territorio disputado, elevando la tensión regional.

Impacto ambiental

El costo ecológico es significativo: se estima que se perdieron entre 12 y 18 km² de arrecifes, afectando ecosistemas clave. Las nubes de sedimento alteran corrientes y afectan a especies lejanas. Estudios chinos reconocen la destrucción de hábitats locales, aunque atribuyen parte del daño a factores globales como cambio climático y acidificación de los océanos.

Un nuevo mapa geopolítico

El fenómeno marca un precedente: la soberanía y los mapas ya no dependen solo de la naturaleza, sino de la capacidad técnica de un país para generar territorio. Mientras otros países como Japón también ganan terreno al mar, la escala y objetivos estratégicos de China redefinen el equilibrio político y militar en la región, planteando retos de seguridad y sostenibilidad para décadas.