La facilidad para realizar pagos también puede favorecer un mayor consumo.
El uso de pagos digitales continúa creciendo en Perú. Según el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), en 2025 cada adulto realizó en promedio 655 pagos digitales, equivalentes a 1,8 operaciones al día. La cifra aumentó 45,8% frente a 2024 y más de 1.200% respecto de 2019. Solo en junio de 2026 se registraron aproximadamente 1,594 millones de operaciones digitales.
Alfredo Marín, gerente de Pasivos de BanBif explica que este crecimiento responde principalmente a la facilidad, rapidez y disponibilidad de las herramientas digitales, así como al avance de la interoperabilidad, que permite transferir dinero entre diferentes entidades utilizando un número de celular o código QR.
El BCRP inició su estrategia de interoperabilidad en 2022 y, para junio de 2025, las primeras tres fases ya generaban más de 186 millones de transacciones interoperables mensuales. A ello se suma el efecto red: mientras más personas y comercios utilizan y aceptan pagos digitales, mayor es su utilidad para los usuarios.
La expansión también alcanza a las billeteras digitales. Al cierre de 2025, aproximadamente 67% de los adultos peruanos ya tenía una cuenta o billetera digital, frente al 42% en 2020, según la SBS. Además, nueve de cada diez usuarios de servicios financieros digitales utilizaban una billetera digital y alrededor de tres cuartas partes lo hacían diariamente. Esto demuestra que el pago digital ya dejó de ser algo utilizado únicamente por personas jóvenes o muy familiarizadas con la tecnología.
Asimismo, el directivo explicó que los pagos digitales han dejado de ser una alternativa para convertirse en parte de la vida cotidiana. Además de facilitar las transacciones, permiten mantener un registro de los movimientos, dividir gastos y realizar operaciones las 24 horas.
De otro lado, el crecimiento de los pagos digitales también plantea nuevos desafíos en materia de seguridad. Si bien las aplicaciones de entidades formales cuentan con mecanismos como claves, autenticación, cifrado y monitoreo de operaciones, los usuarios pueden ser víctimas de fraudes a través de técnicas de ingeniería social.
“Una aplicación puede ser tecnológicamente segura y el usuario puede igualmente ser víctima de una estafa. Muchos fraudes buscan engañar al cliente para que entregue voluntariamente su clave, ingrese a un enlace falso o autorice una operación que no reconoce”, advierte el directivo.
Por ello, recomienda no compartir claves ni códigos de seguridad, evitar ingresar a enlaces sospechosos y revisar cuidadosamente cualquier operación antes de autorizarla.
De igual manera, recomienda aprovechar estas herramientas para mejorar el manejo de las finanzas personales. Los usuarios pueden utilizarlas para pagar servicios, transferir dinero, dividir gastos y mantener un registro de sus movimientos. Incluso pueden separar sus cuentas según objetivos: gastos habituales, ahorro y obligaciones.
Sin embargo, advierte que la facilidad para realizar pagos también puede favorecer un mayor consumo es decir, la facilidad para pagar también puede facilitar gastar. “Digitalizar los pagos debe ir acompañado de mayor control de nuestras finanzas”, concluye.




