Durante el primer semestre de 2026, la producción nacional superó los 2.4 millones de toneladas de arroz. Sin embargo, sostener este volumen de abastecimiento es un gran desafío frente a las altas temperaturas proyectadas hacia fin de año. El manejo sanitario preventivo actúa como un escudo técnico que reduce el número de aplicaciones en el campo, protegiendo la rentabilidad del productor agrícola.
¿Cómo sería una mesa peruana sin arroz? Un arroz chaufa, un lomo saltado o un arroz con pollo sin el ingrediente que acompaña diariamente a millones de familias. Más que un cultivo, el arroz representa tranquilidad, tradición y acceso a uno de los alimentos más importantes para la alimentación de los peruanos. Por eso, proteger su producción significa también proteger la seguridad alimentaria, el bienestar de los hogares y el futuro de la agricultura peruana.
El contexto actual ofrece razones para el optimismo, pero también para la acción. El primer semestre de 2026 cerró con cifras alentadoras: según el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (MIDAGRI), entre enero y junio se produjeron 2,434,429 toneladas de arroz cáscara, un volumen 8.4% superior al promedio registrado entre 2021 y 2025. Sin embargo, el verdadero desafío será mantener esta capacidad de abastecimiento frente a las altas temperaturas proyectadas hacia finales de año, un escenario que exigirá prevención, tecnología agrícola e innovación en el campo.
Además de su importancia económica, el arroz tiene un profundo valor social y cultural. Está presente diariamente en la alimentación de millones de personas, aporta energía, es accesible para las familias y constituye uno de los pilares de la canasta básica. Garantizar que continúe llegando a los hogares peruanos en cantidad y calidad suficientes es una responsabilidad compartida entre agricultores, industria, autoridades y toda la cadena agroalimentaria.
Frente a esta vulnerabilidad, la geografía peruana ofrece un soporte estratégico. Las cifras del MIDAGRI indican que la costa aporta el 51.7% de la producción y la selva el 48.3%. En este esquema, el departamento de San Martín se consolida como el líder nacional, concentrando el 24.1% de la cosecha. Esta distribución territorial permite que la Amazonía amortigüe las eventuales caídas productivas generadas por el clima adverso en la región costera, estabilizando la oferta en los mercados.
Cuando el clima pone a prueba la seguridad alimentaria
La preocupación no es menor. La Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) mantiene la alerta de El Niño Costero, proyectando una alta probabilidad de un calentamiento anómalo, de intensidad fuerte o extraordinaria, en la costa peruana entre diciembre de 2026 y marzo de 2027.
Para los productores, esto implica enfrentar condiciones cada vez más complejas. Las altas temperaturas aceleran las etapas de desarrollo del arroz y someten a las plantas a un importante estrés fisiológico. Al mismo tiempo, el incremento de calor y humedad crea un ambiente favorable para enfermedades que pueden comprometer significativamente la productividad del cultivo. Entre ellas están la Pyricularia (quemado del arroz) y el añublo bacteriano de la panícula (Burkholderia glumae), una bacteria que afecta la etapa crítica de floración y produce toxinas letales en rangos de temperatura de 30 a 37 °C. A estas se suman la podredumbre de la vaina, causada por el hongo Sarocladium oryzae, y la pudrición de raíces y tallos, causada por Gaeumannomyces graminis.
En otras palabras, cada campaña agrícola se convierte en una carrera contra el tiempo, donde anticiparse a los riesgos puede marcar la diferencia entre una cosecha exitosa y pérdidas significativas para miles de familias productoras.
La agricultura peruana encuentra fortaleza en su diversidad
Frente a este escenario, el propio territorio peruano ofrece importantes ventajas. Las cifras del MIDAGRI muestran que la costa aporta el 51.7% de la producción nacional y la selva el 48.3%. En este equilibrio productivo, San Martín se consolida como líder nacional al concentrar el 24.1% de la cosecha de arroz.
Esta distribución geográfica fortalece la resiliencia del sistema agrícola peruano, permitiendo que la producción de la Amazonía contribuya a compensar eventuales disminuciones en otras regiones afectadas por fenómenos climáticos extremos. De esta manera, se fortalece la estabilidad de la oferta y se protege el acceso de los consumidores a uno de los alimentos más importantes del país.
Innovación y prevención: aliados clave para alimentar al Perú
En el campo, la mejor estrategia frente a la incertidumbre climática es la prevención. Cada decisión tomada antes de que aparezcan los problemas puede traducirse en mayor productividad, mejor calidad de grano y una inversión mejor protegida.
Con este objetivo, empresas como BASF han desarrollado Mibelya®, un fungicida compuesto por Revysol® (Mefentrifluconazole) y Xemium® (Fluxapyroxad), que actúan desde el interior de la planta frente a enfermedades como la rhizoctoniasis (Rhizoctonia solani), el Sarocladium (Sarocladium oryzae), la podredumbre de la vaina (Gaeumannomyces graminis) y la mancha carmelita (Bipolaris oryzae). Xemium® posee una estructura molecular flexible que le permite atravesar distintas barreras de la planta y llegar rápidamente al sitio objetivo del hongo. Esta combinación favorece una protección eficaz del cultivo y, al requerir menos aplicaciones por ciclo, contribuye a optimizar costes y preservar el rendimiento.
«Una menor cosecha impacta directamente en la economía del agricultor, porque reduce el volumen disponible para comercializar y compromete la rentabilidad de toda la campaña. Para el consumidor, una reducción significativa puede generar presión sobre la disponibilidad del arroz en el mercado. Por ello, en un escenario de mayor variabilidad climática, contar con herramientas innovadoras y un manejo preventivo permite al productor reducir riesgos y proteger la inversión realizada durante todo el ciclo del cultivo, buscando una cosecha de calidad y una mayor rentabilidad», explica Jhenry Rupay, gerente de Marketing de BASF Peruana.
En ese sentido, el mensaje es claro: cada grano de arroz que llega a la mesa de los peruanos comienza mucho antes de la cosecha. Comienza con agricultores que trabajan la tierra, con innovación que impulsa la productividad y con decisiones preventivas que ayudan a proteger aquello que todos valoramos: la disponibilidad de alimentos para las generaciones presentes y futuras.




