El Nasdaq 100 retrocedió cerca de 6% y el S&P 500 registró su mayor descenso desde abril de 2025. La incertidumbre sobre las inversiones en centros de datos y el futuro de la industria tecnológica elevó la volatilidad en los mercados internacionales.
Las bolsas vivieron el jueves su peor jornada desde abril de 2025: el S&P 500 registró su mayor caída desde entonces y el Nasdaq 100 retrocedió cerca de 6%, después de que la victoria demócrata en el Congreso despertara dudas sobre las regulaciones a los centros de datos. Hoy los futuros rebotan, con el rendimiento del bono del Tesoro norteamericano a diez años en torno a 4,86% y el informe de empleo de octubre como prueba de si el rebote se sostiene. En América Latina, Banxico sorprendió con un recorte a 6,25%, el Ibovespa entró en territorio bajista y el IPC de Chile llegó a 4,5%, su mayor nivel en más de un año.
Qué ha pasado
La jornada de ayer estuvo marcada por un fuerte deterioro del apetito por riesgo, en un contexto en que los inversionistas empezaron a reevaluar las perspectivas de crecimiento y valorización del sector tecnológico tras las elecciones legislativas de EE.UU. La victoria demócrata en ambas cámaras introdujo dudas sobre las inversiones en infraestructura de inteligencia artificial, en particular por la posibilidad de mayores restricciones regulatorias a la construcción y expansión de centros de datos. Eso desencadenó una corrección generalizada en los mercados, encabezada por las compañías de semiconductores y extendida a otros sectores: el S&P 500 registró su mayor caída desde abril de 2025 y el Nasdaq 100 retrocedió cerca de 6%.
Más allá de la incertidumbre política, el ajuste responde a cuestionamientos sobre la rentabilidad de la inversión en inteligencia artificial. La posibilidad de que nuevas regulaciones retrasen los proyectos lleva a los inversionistas a revisar tanto las proyecciones de ingresos como los plazos para recuperar el capital invertido. A eso se sumaron perspectivas corporativas decepcionantes de Qualcomm y Arm Holdings, la decisión de Microsoft de no renovar un contrato con un operador de centros de datos y los retrasos regulatorios de un proyecto de Oracle en Nuevo México. Apple, por su parte, planea levantar unos US$7.500 millones con una emisión de bonos, lo que volvió a poner de relieve las necesidades de financiamiento de las grandes tecnológicas. El mercado pasa así de una etapa dominada por las expectativas de crecimiento a otra en que importan el retorno sobre el capital, el financiamiento y la ejecución efectiva de los proyectos.
La magnitud de las pérdidas también refleja el posicionamiento: la alta concentración de los índices estadounidenses en pocas tecnológicas amplificó el impacto, y la rápida liquidación de posiciones concentradas en el sector intensificó las ventas, que se extendieron a compañías ligadas al crecimiento económico y a activos digitales. Bitcoin cayó con fuerza, lo que muestra que en episodios de reducción generalizada del riesgo sigue ligado a la liquidez y al apetito por activos especulativos. El impacto en el resto del mundo fue desigual: las acciones japonesas retrocedieron por su exposición a la cadena global de semiconductores, mientras las bolsas europeas resistieron mejor, apoyadas en resultados corporativos y una rotación hacia sectores menos dependientes de la IA. Eso sugiere que parte del ajuste responde a una revisión de las valoraciones tecnológicas estadounidenses más que a un deterioro uniforme de las perspectivas globales.
En renta fija, el deterioro de las bolsas aumentó la demanda por bonos soberanos y el rendimiento del bono del Tesoro norteamericano a diez años cayó hacia 4,82%, pese a que los datos de la jornada mostraron resistencia de la economía: las solicitudes iniciales de subsidio por desempleo bajaron a 189.000 y la productividad del tercer trimestre creció a una tasa anualizada de 3,6%, con una disminución de los costos laborales unitarios. Eso apunta a un mercado laboral con pocos despidos y a mejoras de productividad que podrían moderar las presiones salariales sobre la inflación. En la sesión, sin embargo, la búsqueda de refugio y el temor a una desaceleración de la inversión tecnológica pesaron más que los datos.
Por otra parte, los menores precios del petróleo respecto de sus máximos y la corrección bursátil moderaron las expectativas de nuevas alzas por parte de la Fed, aunque esa reevaluación podría ser prematura si el crudo vuelve a subir o si el empleo confirma una economía resistente. El dólar recuperó terreno frente a varias monedas, revirtiendo la debilidad posterior a las elecciones: la mayor aversión al riesgo favoreció la demanda de liquidez en dólares, aunque la caída de los rendimientos lo moderó, y el yen también encontró respaldo como refugio.
En materias primas, el petróleo se recuperó tras el desplome del miércoles, cuando la victoria demócrata alimentó expectativas de una salida diplomática al conflicto entre EE.UU. e Irán. El repunte mostró que el riesgo geopolítico sigue lejos de desaparecer: no hay garantías de una normalización sostenida del tránsito por el estrecho de Ormuz y las señales diplomáticas no permiten anticipar una resolución. El oro superó nuevamente los US$4.100 por onza, respaldado por la incertidumbre financiera, debilidad en el dólar y menores tasas de interés aunque moderó parte de sus ganancias durante la sesión, probablemente por ventas para obtener liquidez y cubrir márgenes tras la corrección de otros activos. En episodios de volatilidad extrema, incluso los activos defensivos pueden sufrir liquidaciones transitorias, aunque la incertidumbre geopolítica y las dudas sobre la política monetaria estadounidense siguen sosteniendo su demanda.
En América Latina, el deterioro del apetito global por riesgo presionó a los activos regionales, con efectos distintos según la exposición a las materias primas y las condiciones monetarias internas. En Chile, el IPSA revirtió parte del avance de la sesión anterior, y la debilidad del cobre y el fortalecimiento del dólar limitaron el respaldo externo al peso. Las minutas del Banco Central, sin embargo, reforzaron las preocupaciones inflacionarias: el Consejo evaluó subir la tasa de política monetaria en 25 puntos básicos, llevando al mercado a elevar la probabilidad de un incremento en los próximos meses. Eso podría respaldar al peso con mayores diferenciales de tasas, aunque dependerá del dólar global y del cobre al igual que de la evolución del precio del petróleo.
En México, Banxico sorprendió al mercado con un recorte de 25 puntos base en su tasa de referencia, hasta 6,25%, por una votación dividida de tres votos contra dos. La autoridad justificó la decisión en la continuidad del proceso desinflacionario, la ausencia de presiones de demanda significativas y la holgura de la economía, aunque reconoció que la inflación general había aumentado recientemente. Calificó el recorte como un ajuste puntual y anticipó que mantener las tasas en su nuevo nivel por un período prolongado contribuirá a la convergencia de la inflación a la meta. La decisión acentuó inicialmente la depreciación del peso, al reducir el diferencial de tasas frente a EE.UU. y parte del atractivo del carry trade. La evolución de la moneda dependerá de la credibilidad de la señal de pausa, de la inflación y de las decisiones de la Fed: una brecha mayor entre ambas políticas monetarias podría mantener la presión cambiaria, sobre todo si persiste la aversión global al riesgo.
En Brasil, la corrección internacional profundizó las dificultades de los activos locales: el Ibovespa amplió sus pérdidas y se mantuvo en territorio bajista, afectado por el sentimiento global y por la incertidumbre fiscal. Las reuniones del presidente Luiz Inácio Lula da Silva con economistas de enfoques más intervencionistas, incluido el exministro de Hacienda Guido Mantega, reactivaron las preocupaciones sobre las cuentas públicas. A eso se sumó un deterioro de la actividad: el PMI de servicios de octubre bajó a 44,5 puntos y el compuesto a 44,4, niveles consistentes con una contracción de la actividad privada. Esa combinación presionó al real y elevó las primas de riesgo soberano, y las perspectivas dependerán del dólar y las materias primas, pero también de que las autoridades refuercen la credibilidad fiscal sin profundizar el debilitamiento de la actividad.
En Colombia, el menor apetito por riesgo y la volatilidad del petróleo siguieron condicionando a los activos. La economía tiene una exposición significativa al crudo, de modo que una baja sostenida de precios podría deteriorar los ingresos externos y fiscales aunque modere ciertas presiones de costos; la recuperación parcial del petróleo dio algo de alivio, pero la incertidumbre geopolítica y las condiciones financieras mantienen un contexto complejo para el peso.
Qué se viene hacia adelante
Los mercados enfrentan la última jornada de la semana con elevada volatilidad, entre la revisión de las perspectivas de inversión en inteligencia artificial, la preocupación por la persistencia inflacionaria y las expectativas geopolíticas tras las elecciones. Tras la fuerte corrección del jueves, los futuros de los principales índices rebotan, liderados por los semiconductores que concentraron las pérdidas durante el día de ayer, pero la estabilización parece frágil: las preocupaciones sobre la regulación de centros de datos se superponen con las dudas sobre valoraciones y rentabilidad. El reporte de empleo en EE.UU. de octubre será el principal evento macroeconómico del día y podría definir si el rebote se sostiene.
Los futuros del Nasdaq 100 avanzan cerca de 1,4% y los del S&P 500 suben más moderadamente, con Nvidia y otros fabricantes de semiconductores a la cabeza. Los futuros del Dow Jones más débiles indican que la recuperación todavía no es generalizada y que los inversionistas siguen diferenciando entre sectores. El rebote dependerá de que las tecnológicas estabilicen sus expectativas de utilidades y de que los próximos anuncios regulatorios no impliquen restricciones significativas sobre proyectos ya comprometidos; con volatilidad alta, sigue expuesto a nuevas liquidaciones de posiciones.
El resultado electoral parece haber actuado como catalizador de una revisión más amplia de las expectativas de rentabilidad: las altas valoraciones, la concentración de posiciones y las necesidades de financiamiento de las grandes plataformas amplificaron movimientos que difícilmente se explican solo por el riesgo regulatorio. El ciclo de IA es hoy central para la inversión empresarial de EE.UU. y para las cadenas internacionales de suministro, porque la expansión de centros de datos impulsó la demanda por semiconductores, almacenamiento, infraestructura eléctrica y capacidad energética. Una moderación de esos compromisos podría afectar a compañías que no participan directamente en el desarrollo de modelos de IA, pero todavía es prematuro anticipar una contracción generalizada ya que las necesidades de capacidad computacional siguen altas y parte de los proyectos son compromisos plurianuales. La discusión se desplaza del crecimiento de la demanda a la capacidad de monetizar la inversión, preservar márgenes y obtener retornos adecuados.
En renta fija, los bonos del Tesoro siguen encontrando soporte ante la mayor cautela de los inversionistas, aunque la expectativa de una Fed todavía restrictiva modera la recuperación. Además, las declaraciones de funcionarios de la Fed refuerzan esa lectura donde la presidenta de la Fed de Cleveland, Beth Hammack, dijo que las tasas deben ser suficientemente restrictivas para contener la inflación, y el presidente de la Fed de Nueva York, John Williams, reiteró su preocupación por una inflación demasiado alta. Una moderación del crecimiento por menor inversión tecnológica podría reducir las presiones de demanda, pero un petróleo más alto o salarios persistentes podrían mantener la necesidad de condiciones restrictivas por más tiempo.
Asimismo, el consenso anticipa que las nóminas no agrícolas en EE.UU. mostrarán la creación de unos 70.000 puestos en octubre, con un desempleo estable en torno a 4,2%. Más que el número, importarán los salarios y las revisiones de meses anteriores: una moderación de las remuneraciones reforzaría la idea de que el mercado laboral ya no es una fuente importante de presiones inflacionarias, mientras contrataciones sólidas, menor desempleo y salarios persistentes fortalecerían las expectativas de nuevas alzas, presionando los rendimientos de corto plazo y las valoraciones. Una sorpresa negativa sería ambivalente: favorecería a los bonos, pero aumentaría las preocupaciones sobre el crecimiento y las utilidades.
En divisas, el dólar recupera parte del terreno perdido tras las elecciones, favorecido por la demanda de liquidez y activos defensivos, lo que muestra que sigue funcionando como refugio en episodios de volatilidad aun con rendimientos a la baja. La apreciación se ve limitada por la expectativa de una política monetaria menos restrictiva si la actividad se desacelera, y el informe de empleo definirá cuál factor predomina: una sorpresa positiva lo fortalecería por mayores expectativas de tasas, mientras un dato débil reduciría su atractivo por diferenciales, aunque la aversión al riesgo podría compensarlo parcialmente.
En América Latina, el menor apetito por riesgo aumenta la diferenciación entre países, mientras la recuperación del dólar y la volatilidad de las materias primas presionan a monedas y activos. La caída de los rendimientos estadounidenses podría apoyar a los bonos soberanos, pero las preocupaciones fiscales domésticas limitan ese beneficio en algunas economías, y los diferenciales de crédito regionales muestran señales de ampliación.
En Brasil, el Ibovespa profundizó su corrección hasta territorio bajista, con pérdidas superiores a 20% desde sus máximos recientes, por la combinación de aversión global al riesgo y preocupaciones fiscales tras la reelección de Lula. La falta de definiciones sobre el equipo económico y la trayectoria del gasto eleva las primas de riesgo, y el real sigue muy sensible a los cambios de expectativas. La decisión del Banco Central de mantener la tasa Selic en 13,75% con una comunicación más restrictiva confirma que el deterioro de las expectativas de inflación limita el margen para flexibilizar. Una recuperación sostenida requerirá señales verificables de disciplina fiscal y de preservación de la autonomía monetaria, además de un apetito por riesgo internacional más estable.
En México, la atención está en el recorte de Banxico a 6,25% y en los rendimientos soberanos de largo plazo. La economía ha mostrado más resiliencia de la esperada y la inflación sigue siendo un desafío, pero la parte larga de la curva mexicana mantiene presiones, por las condiciones financieras internacionales y las preocupaciones fiscales domésticas. Esa divergencia importa porque una pausa monetaria puede estabilizar las tasas de corto plazo sin reducir necesariamente los costos de financiamiento de mayor duración. Para el peso, los diferenciales de tasas siguen dando soporte, aunque el dólar más fuerte y el menor apetito por riesgo podrían generar volatilidad.
En Chile, el IPC de octubre es el principal evento doméstico: la inflación anual subió a 4,5%, su mayor nivel en más de un año, lo que confirma que las presiones de precios siguen siendo significativas pese a la moderación de la actividad. Después de que la minuta mostrara que el Consejo evaluó subir la tasa en 25 puntos básicos, el dato refuerza las expectativas de una orientación más restrictiva, y la autoridad debe evitar que se desancle la inflación esperada. Un incremento podría respaldar al peso por los mayores diferenciales, pero también encarecería el financiamiento local. La actividad es débil, con un Imacec de septiembre de apenas 0,2% interanual, afectado por la minería, lo que limita el margen del Banco Central y aumenta la importancia de distinguir entre presiones de oferta y de demanda. El petróleo más bajo podría moderar los combustibles, pero los costos energéticos acumulados todavía podrían trasladarse a otros precios, y el tipo de cambio seguirá siendo determinante, junto con la volatilidad del cobre y las mayores ventas de dólares del Ministerio de Hacienda en noviembre.
En Colombia, las perspectivas siguen condicionadas por las preocupaciones fiscales, las altas tasas de interés y la volatilidad del petróleo: una baja sostenida de la energía aliviaría ciertas presiones inflacionarias, pero reduciría los ingresos externos y fiscales del crudo. El Banco de la República mantiene una orientación restrictiva, y el peso dependerá del dólar, el petróleo y la percepción de riesgo soberano; una ampliación persistente de los diferenciales regionales podría elevar los costos de financiamiento aun con rendimientos del Tesoro a la baja.
Hacia adelante, el mercado deberá determinar si el rebote de los futuros es el inicio de una estabilización sostenida o solo una reacción táctica tras las pérdidas. La incertidumbre regulatoria sobre la IA podría persistir por meses, aunque su impacto dependerá de que las nuevas prioridades políticas se traduzcan en restricciones concretas. La Fed enfrenta presiones inflacionarias que limitan el margen para flexibilizar, y el petróleo sigue expuesto a cambios abruptos en las expectativas geopolíticas. En América Latina, Brasil enfrenta desafíos fiscales y monetarios que dificultan una recuperación sostenida, México tiene una economía resiliente pero tasas largas bajo presión, Chile muestra una inflación persistente que podría exigir una política más restrictiva y Colombia sigue expuesta a la volatilidad petrolera y al riesgo fiscal.
Felipe Barragán, Senior Research Strategist




