El comercio creció 6,89 % en agosto de 2026, mientras que las actividades de almacenamiento y mensajería avanzaron 4,38 %, según el INEI.
El aumento de la actividad empresarial exige que las instalaciones estén preparadas para responder a mayores niveles de demanda, especialmente en negocios que dependen del funcionamiento continuo de tiendas, almacenes y centros de distribución. En agosto de 2026, el comercio registró un crecimiento de 6,89 %, mientras que las actividades de almacenamiento y mensajería avanzaron 4,38 % frente al mismo mes del año anterior, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).
Ante este escenario y la proximidad de la campaña de fin de año, las empresas necesitan comprobar si sus instalaciones y equipos pueden sostener el ritmo de trabajo previsto. Una falla eléctrica, una avería en los sistemas de climatización o la interrupción de un servicio esencial puede afectar la atención al cliente, retrasar los procesos y generar costos adicionales si no existen medidas preventivas.
Para reducir estos riesgos, resulta fundamental identificar los equipos críticos, programar las intervenciones técnicas y definir cómo actuar ante una emergencia. Patricia Soto, gerente de Operaciones de Tgestiona, comparte cuatro medidas que las empresas pueden aplicar para prevenir incidencias y mantener la continuidad de sus actividades durante los periodos de mayor exigencia:
- Identificar los equipos que no pueden detenerse. Los sistemas eléctricos, grupos electrógenos, equipos de aire acondicionado, ascensores y dispositivos de seguridad requieren revisiones según su importancia para cada negocio. También es necesario comprobar la capacidad eléctrica de las instalaciones, el estado de los servicios sanitarios y la disponibilidad de personal de soporte. Esta evaluación permite detectar posibles limitaciones antes de que afecten el funcionamiento habitual.
- Programar el mantenimiento antes de los periodos de mayor actividad. Revisar el historial de averías ayuda a reconocer problemas recurrentes y priorizar las intervenciones necesarias. Además, conviene verificar la disponibilidad de repuestos y confirmar los tiempos de respuesta de los proveedores especializados. De esta manera, los equipos técnicos pueden atender los requerimientos con mayor previsión y reducir el riesgo de interrupciones imprevistas.
- Coordinar a los equipos y proveedores de servicios. Las áreas de mantenimiento, limpieza y seguridad deben trabajar con responsabilidades definidas, cronogramas establecidos y canales de comunicación claros. Esta coordinación facilita la atención de incidencias y el seguimiento de indicadores operativos, como los tiempos de respuesta y la disponibilidad de los equipos, para detectar desviaciones y tomar medidas oportunas.
- Establecer protocolos para responder ante fallas. Contar con procedimientos definidos permite actuar con rapidez cuando se presenta una incidencia. La primera medida debe ser evaluar los riesgos y proteger a las personas; luego, corresponde activar al equipo responsable, comunicar las posibles afectaciones y supervisar las acciones hasta restablecer el servicio. Finalmente, analizar las causas del problema ayuda a implementar mejoras y reducir la probabilidad de que vuelva a ocurrir.
“En periodos de mayor actividad, la efectividad de la gestión no se mide por la cantidad de intervenciones realizadas, sino por la disponibilidad de los activos y la rapidez para restablecer un servicio. El trabajo previo debe enfocarse en los puntos que sostienen la operación y en una respuesta capaz de contener el impacto antes de que alcance al negocio”, señala Patricia Soto, gerente de Operaciones de Tgestiona.




