En conversación con Revista Economía, el gerente de Estudios Económicos de ComexPerú, analiza el desempeño de las exportaciones, las perspectivas de la inversión privada, las brechas de infraestructura logística, la dependencia de proveedores internacionales y los desafíos para recuperar la competitividad de la industria textil.
Las exportaciones peruanas crecieron 34% hasta agosto, impulsadas en gran parte por los minerales. ¿Qué necesita el Perú para diversificar su oferta exportadora y reducir su dependencia de estos productos?
Históricamente, nuestras exportaciones han tenido un peso significativo de productos primarios tradicionales, particularmente de la minería. Por su valor y volumen, las exportaciones mineras tienen una participación muy importante. Naturalmente, es difícil que las exportaciones no tradicionales o manufacturadas alcancen un volumen equivalente al de los minerales, especialmente en la coyuntura de los últimos años, marcada por precios muy altos.
En el caso del cobre y el oro, por ejemplo, los precios están por encima del 50% o 60% respecto al año pasado. Esto ocurre pese a que, en el caso del oro, el volumen exportado ha caído.
Al analizar qué podemos hacer para generar un contrapeso y conseguir que las exportaciones no tradicionales tengan una mayor participación, debemos considerar el peso que tiene la minería en términos de valor, volumen y desarrollo productivo. Históricamente, la relación ha sido de 70% frente a 30% o, en otros casos, de 60% frente a 40% entre los minerales y el resto de las exportaciones, dependiendo de cómo se mida.
Lo que sí debemos analizar es cómo conseguir que más empresas y familias se incorporen a la cadena exportadora, ya sea en los sectores agropecuario, textil, manufacturero, metalmecánico y otros. En esos sectores se han producido cambios importantes.
Si revisamos las cifras de los últimos 10 o 15 años, por ejemplo, las exportaciones de determinados productos han pasado de apenas US$ 600 millones a superar los US$ 14.000 millones. Detrás de ese avance hay un trabajo público-privado, estabilidad jurídica y captación de inversiones en el campo, entre otros factores. Todo ello permite que hoy exportemos esos productos y que, en el futuro, incorporemos otros nuevos a nuestra oferta internacional.
Por eso, no debemos preocuparnos tanto por mantener una proporción de 70% frente a 30% o de 60% frente a 40%, ni preguntarnos constantemente qué hacer para que el Perú deje de ser un país primario exportador. Es positivo que lo sea, porque esa actividad genera recursos a través de tributos, impuestos, cánones, regalías y otros conceptos que permiten financiar programas sociales y presupuestos públicos.
Debemos concentrarnos en mejorar la competitividad y acelerar las inversiones para producir y exportar más en sectores como la agroindustria, la pesca no tradicional, la manufactura y otros.
La inversión privada creció alrededor de 15% en el primer semestre. ¿Qué factores están impulsando este crecimiento y qué condiciones permitirían sostenerlo de cara a 2027?
Gran parte de este crecimiento ha respondido a las expectativas, al crédito destinado a las familias y las empresas, y a lo que se espera de una correcta ejecución de las cuentas fiscales y públicas del Gobierno durante los próximos años.
Si bien estamos registrando un repunte respecto al año pasado, del orden de 15% a 17%, como mencionas, el próximo año podría reducirse un poco, sobre todo en función de cómo respondamos y del grado de afectación que pueda generar el fenómeno de El Niño.
Las expectativas empresariales todavía se mantienen en terreno positivo y han registrado un importante repunte con la llegada de este nuevo Gobierno, que es muy distinto al anterior. Sin embargo, durante los próximos meses, con facultades legislativas o sin ellas, deben buscarse mecanismos para implementar políticas vinculadas con las tres grandes prioridades anunciadas en el discurso del 28 de julio.
La primera es atender los desastres asociados al fenómeno de El Niño. La segunda es impulsar un fuerte shock de simplificación administrativa para promover las inversiones y el desarrollo de los negocios. La tercera, sin duda, es enfrentar la inseguridad. Entendemos que se están tomando algunas medidas y que más adelante veremos otros resultados.
De estos factores dependerá, en buena medida, que se siga apostando por el país a través de la inversión privada.
Hay indicadores indirectos, por ejemplo, en las importaciones de bienes de capital. Se ha producido un adelanto de estas importaciones ante la posibilidad de que ocurran bloqueos de carreteras asociados al fenómeno de El Niño. También se están adelantando compras de bienes de capital e insumos industriales ante la posibilidad de que suban los precios de productos como fertilizantes y combustibles.
Hay movimiento en esos rubros y, por eso, la inversión privada se mantiene bastante fuerte. Sin embargo, habrá que observar qué sucede el próximo año, según las condiciones que se presenten.
El puerto de Chancay avanzó del puesto 281 a 220 en el ranking mundial de conectividad marítima ¿Qué se necesita para que ese avance genere mayores oportunidades para los exportadores peruanos?
En carga contenerizada, Chancay ocupa el segundo lugar en nuestro litoral. En términos generales, todavía se ubica tercero, después de Matarani, mientras que el Callao se consolida como el principal puerto.
Lo que le falta a Chancay es acompañar el desarrollo de sus inversiones en automatización con las inversiones en infraestructura de conectividad que debieron impulsarse hace mucho tiempo desde el Gobierno nacional, los gobiernos regionales y las municipalidades. Se necesita levantar las trabas que impiden ejecutar obras de acceso y conexión.
Hay varios proyectos entrampados, como el tramo número 2 de la vía de evitamiento Chancay-Chancayllo, el par vial en Ica vinculado al anillo periférico y la reconstrucción del puente que se cayó, entre otros.
Tenemos un gran puerto en Chancay, al igual que en el Callao, donde operan empresas como APM Terminals y DP World. Sin embargo, todavía adolecemos de inversiones en conectividad, accesos y logística.
El propio Ministerio de Transportes y Comunicaciones encargó al BID un estudio en el que se determinó que tenemos una brecha de infraestructura logística relacionada con la competitividad y los procesos de más de S/ 92.000 millones. Es una brecha considerable que debemos cerrar para mejorar los costos y los tiempos, es decir, para elevar la competitividad logística y portuaria y atender de manera más eficiente los pedidos vinculados con el comercio, las exportaciones y las importaciones.
En el caso específico de Chancay, el desafío también pasa por ese lado. Si no conseguimos mejores accesos de entrada y salida al puerto, probablemente no podremos aprovechar todo su potencial.
Una alternativa sería utilizar el cabotaje interno. También se ha hablado de un eventual tren transoceánico desde Brasil para transportar carga. Sin embargo, si una carretera que necesitamos todavía no se concreta y no vemos avances claros en un horizonte de 10 o 15 años, imaginemos cuánto podría tardar un proyecto ferroviario de esa magnitud.
Hay asuntos pendientes que deben resolverse y que tendrían que contemplarse para promover las inversiones.
Otro ejemplo es el puerto de Corío, que genera muchas expectativas. Está bien impulsar Corío, pero también deben desarrollarse sus accesos porque, si no los tiene, de poco servirá el puerto.
En agosto, Estados Unidos concentró más del 90% de las importaciones peruanas de diésel, mientras que Argentina representó más del 99% de las importaciones de maíz amarillo duro. ¿Qué riesgos genera esta concentración ante una posible interrupción del suministro y cómo podría reducirse esa dependencia?
Tenemos una amplia red de acuerdos comerciales, pero efectivamente hay productos de los que dependemos de proveedores específicos, como los que mencionas: Estados Unidos en el caso de los combustibles, particularmente el diésel 5 y el diésel 2, y Argentina en el caso del maíz amarillo duro y, en menor medida, la soya.
Hace dos o tres semanas, si no me equivoco, hubo un anuncio del presidente Trump o de su equipo técnico sobre la posibilidad de bloquear sus exportaciones. Eso generó preocupación y nos llevó a preguntarnos de dónde íbamos a importar esos productos.
Existen otros proveedores a escala global. Esto no significa que vayamos a sufrir un desabastecimiento de la noche a la mañana, pero sí podríamos vernos afectados por los precios. Cambiar de proveedor internacional de un momento a otro genera un costo considerable que se distribuye a lo largo de toda la cadena de suministro.
En el caso de los combustibles, el impacto alcanza a todo el transporte, tanto marítimo como terrestre, y se traslada a los alimentos. Si a eso sumamos la dependencia del maíz amarillo duro, que es un insumo directo para la industria avícola, tenemos otro factor relevante, porque el peruano consume pollo. En conjunto, podríamos enfrentar un shock importante de precios.
Lo que quiero dejar en claro es que no necesariamente se produciría un desabastecimiento inmediato, pero sí habría un efecto en los precios y, probablemente, un impacto inflacionario.
¿Qué se puede hacer? Naturalmente, tendríamos que comprar esos productos a otros países. En el caso de los combustibles, podríamos recurrir a Europa u otros mercados. Para el maíz amarillo, se podrían buscar alternativas como Bolivia, que ya fue proveedor en algún momento. También ocurre con otros productos, como el trigo que importamos de Canadá.
Se habla mucho de que, para evitar la dependencia de las importaciones de este tipo de productos, deberíamos producirlos localmente. Sin embargo, eso también depende de la inversión y de la rentabilidad que genere su producción, así como de la demanda y la disponibilidad de esos productos en el mercado local.
Si nadie quiere producirlos o no existe un mercado local con un consumo suficiente, el dinero no va a entrar en esa actividad. Eso es claro. No significa que el Estado tenga que destinar recursos para producir este tipo de bienes. La etapa del Estado empresario quedó atrás hace varios años.
Por lo tanto, si en el futuro se produce un bloqueo de las exportaciones o un desabastecimiento global, tendremos que buscar las mejores alternativas disponibles en los mercados internacionales.
La producción nacional de algodón ha disminuido y la industria depende cada vez más de materia prima importada. ¿Qué medidas permitirían recuperar la producción local y fortalecer la cadena textil peruana?
Hace poco, la semana antepasada, si no me equivoco, el Gobierno aprobó un decreto de urgencia o una declaratoria de emergencia para el sector textil, vinculada con los problemas estructurales que mencionas.
Es importante que se haya reconocido esta situación. Sin embargo, llevamos varios años declarando en emergencia al sector textil o poniendo el foco de atención en él, pero lamentablemente no se hace un seguimiento adecuado de las políticas y medidas que se implementan, ni se verifica si realmente llegan a ejecutarse.
Podríamos hablar de impulsar el financiamiento, fortalecer las capacidades y actuar a través de Compras a MYPErú para generar un mercado un poco más sostenible. Sin embargo, las medidas que se están planteando en esa declaratoria de emergencia ya han formado parte de planes anteriores.
Uno de los aspectos que podríamos abordar y sobre el que deberíamos poner atención, muy ligado a la pérdida de productividad del algodón, es que estamos atados de manos por una moratoria que limita el uso y la siembra de transgénicos, es decir, de organismos genéticamente modificados.
Aquí no estamos hablando de productos que consumimos directamente o que te llevas a la boca, sino del algodón, que es un insumo fundamental para la industria textil.
Afortunadamente, tenemos un tratado de libre comercio con Estados Unidos que nos permite importar algodón de ese país sin pagar aranceles, lo que contribuye a abastecer el mercado local para la producción de confecciones. Sin embargo, ya es momento de poner atención en esta situación para que, cuando llegue 2030 o 2031, cuando todavía estará vigente la moratoria, no se vuelva a ampliar y se busquen alternativas para invertir y recuperar la rentabilidad del algodón en el campo, que hemos perdido durante años.
Como anécdota, recuerdo que, tiempo atrás, durante el Gobierno de Humala, cuando se discutía el establecimiento de esta moratoria, analizábamos cómo el Perú podía defender su posición y buscar la mejor evidencia técnica y científica sobre si existía alguna relación o riesgo para otros productos, incluidos los orgánicos.
Conversamos mucho con científicos y biotecnólogos locales e internacionales. También escuchamos ejemplos relacionados con los algodones de colores que tuvimos en la época del incanato. Se hablaba de la posibilidad de recuperar el germoplasma y de todo lo que eso implicaba. Sería muy interesante recuperar o conseguir nuevamente esos tipos de algodón, pero para ello se necesita inversión.
Si no te permiten hacerlo en el país y, además, tienes competidores como Colombia, Argentina, India y China, que cuentan con sus propios productos transgénicos, particularmente en el caso del algodón, estás en desventaja. Esos países pueden alcanzar un mayor rendimiento por quintal y producir a menores costos. Si no puedes competir con ellos, estás en una situación muy difícil.
Por eso, es momento de prestar atención a este asunto, más allá de otras medidas que también pueden ayudar, como facilitar el acceso al financiamiento.
También debemos considerar la informalidad del sector textil, que alcanza aproximadamente al 85% u 86%, según la referencia a la que hagamos alusión. Es necesario promover la formalización para que las empresas puedan acceder a créditos, ingresar a mercados globales y encontrar mejores oportunidades de desarrollo, en lugar de depender únicamente del mercado local, donde la competencia ya está bastante saturada.
¿Cómo evalúa ComexPerú los primeros meses del nuevo Gobierno y qué aspectos considera que deberían mejorar?
Es un poco prematuro hacer una evaluación, porque han sido apenas dos meses en los que el Gobierno se ha concentrado muchísimo en conseguir facultades legislativas para actuar.
En determinados sectores se han tomado medidas de prevención frente a los desastres asociados al fenómeno de El Niño, una tarea que arrastra retrasos heredados del Gobierno anterior y de los gobiernos regionales que todavía están por terminar sus gestiones.
Sin embargo, en materia de grandes reformas todavía no vemos avances. Y no necesariamente podríamos verlos, porque la herramienta normativa con la que el Gobierno tendría que actuar son los decretos legislativos, pero lamentablemente todavía no puede utilizarlos.
Desde el punto de vista político e institucional, podemos observar que todos los ministros están haciendo declaraciones públicas a diario. No sé qué tan efectivo sea que todos tengan la voz cantante y que no exista un vocero institucional que centralice la comunicación. Considero que esa función debería corresponder a la Presidencia del Consejo de Ministros, que tendría que encargarse de la vocería del Gobierno y coordinar la comunicación de todos los ministros.
Esto lo digo a título personal. Los gerentes de las empresas deberían involucrarse directamente en la gestión y en el trabajo sobre el terreno, en lugar de estar saliendo constantemente a declarar. De manera similar, considero que la PCM debería asumir directamente la vocería institucional.
Quizá, por esa razón, se genera la impresión de que estamos entrampados únicamente en el tema político. Sin embargo, esperamos que durante los próximos meses se produzcan señales efectivas de cambio.
Seguramente veremos avances en materia de seguridad, a propósito de las acciones operativas que se están desarrollando con algunos equipos de orden interno, así como en la preparación frente al fenómeno de El Niño. Ojalá las capacidades de respuesta estén al máximo. También esperamos un shock administrativo que permita destrabar grandes inversiones.
En dos meses es muy poco lo que se puede evaluar. Seguramente empezarán a publicarse encuestas que mostrarán si la percepción ciudadana está perdiendo confianza en el Gobierno, pero dos meses siguen siendo un periodo muy corto.
Ojalá que durante los próximos meses, o después de que pase el fenómeno de El Niño, podamos observar cambios importantes. Los peruanos, y los latinoamericanos en general, estamos muy acostumbrados a esperar que las reformas se hagan de un día para otro. Quizá no entendemos que las reformas que se implementan hoy pueden dar resultados recién dentro de cinco, diez o veinte años.
Eso fue lo que ocurrió con las reformas de los años noventa. Las medidas impulsadas entonces por el equipo técnico del Ministerio de Economía y Finanzas, liderado por Fritz Du Bois y Carlos Boloña Behr, entre otros, recién comenzaron a mostrar resultados diez o quince años después.
Por eso, debemos tener en cuenta que las reformas requieren tiempo para producir resultados.
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