Perú 2026: El despertar de la mujer agricultora como el nuevo motor de rentabilidad del campo

En el marco del Día Internacional de la Mujer, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) conmemora el 2026 como el Año Internacional de la Mujer Agricultora para visibilizar su rol estratégico. El ingreso de la mujer rural ha escalado a S/ 710 mensuales, marcando un avance significativo que abre la ruta para alcanzar la paridad económica frente a sus pares masculinos.

Mientras el mundo conmemora el Día Internacional de la Mujer, el sector agrario global fija su mirada en un hito histórico: la declaración del 2026 como el Año Internacional de la Mujer Agricultora por parte de la FAO. Esta designación no es solo un reconocimiento simbólico, sino el banderazo de salida para activar el motor económico más importante de la mesa familiar: la mujer rural.

El activo estratégico del campo peruano

En el Perú, las cifras revelan una fuerza productiva imparable. Las mujeres representan el 31.5% de los productores agropecuarios, un ejército de cerca de un millón de trabajadoras que garantizan el abastecimiento diario de los mercados nacionales. Sin embargo, este aporte masivo enfrenta un desafío de rentabilidad: la brecha de ingresos actual es del 31.1%, con un promedio de S/ 710.1 frente a los S/ 1,031.2 de sus pares masculinos (INEI).

Esta disparidad tiene una raíz estructural: la titularidad de la tierra. Actualmente, los hombres concentran el 70% de la propiedad agrícola, dejando a las productoras con apenas un 30% de respaldo patrimonial. Esta limitación en la propiedad genera un efecto dominó que restringe el acceso a créditos formales y asistencia técnica especializada, frenando el salto hacia modelos comerciales de mayor escala.

Eficiencia económica: La clave del cierre de brechas

Reducir esta desigualdad ha dejado de ser únicamente una causa de justicia social para convertirse en un imperativo de eficiencia económica. La FAO estima que cerrar la brecha de género en productividad y salarios es la estrategia más eficaz para erradicar la inseguridad alimentaria global.

«El verdadero empoderamiento hacia el 2026 exige la profesionalización técnica del campo. Cuando una agricultora accede a herramientas que le permiten proteger su cosecha, tomar decisiones informadas y optimizar cada sol invertido, no solo aumenta la productividad: convierte su parcela en un negocio sostenible. Y cuando esa agricultora es, además, el principal sustento de su hogar, cada mejora tecnológica se vuelve una oportunidad directa para elevar la calidad de vida de su familia y su comunidad. Ese es el impacto transformador que buscamos generar», afirma Flavia Zuleta, Gerente de Soluciones para la Agricultura en BASF Peruana.

Tecnología e innovación para el desarrollo familiar

Desde BASF, el enfoque se centra en acortar la distancia entre la mujer rural y la vanguardia tecnológica. Al ser muchas de ellas cabezas de hogar y pilares de la economía familiar, el acceso a innovación y capacitación técnica se traduce directamente en bienestar para sus comunidades.

Nivelar la balanza de oportunidades no es solo saldar una deuda social; es el paso indispensable para construir un entorno agropecuario justo, resiliente y altamente competitivo para quienes sostienen la alimentación del país.