Un informe sectorial de febrero de 2026 advierte que las empresas avanzan hacia modelos de “orquestación” de la cadena de suministro, integrando planificación, ejecución y documentación en tiempo real para ganar eficiencia y competitividad en un entorno marcado por regulaciones diversas y múltiples actores.
La logística en América Latina enfrenta un escenario operativo crecientemente complejo. Regulaciones heterogéneas, extensas distancias terrestres, múltiples pasos fronterizos y asimetrías en infraestructura configuran un ecosistema donde la coordinación ya no es un diferencial, sino una condición básica para operar con eficiencia.
A ello se suma la intervención de una amplia red de actores —transportistas, operadores logísticos, depósitos, despachantes y autoridades— que participan en cada movimiento de mercancías. En este contexto, la fragmentación informativa se convierte en uno de los principales obstáculos para la competitividad regional.
Un informe sectorial difundido en febrero de 2026 pone el foco en esta realidad y señala que muchas compañías están avanzando hacia esquemas de mayor integración. La denominada “orquestación de la cadena de suministro” busca sincronizar todos los eslabones bajo una misma lógica operativa, compartiendo información en tiempo real y reduciendo la dependencia de procesos manuales.
Coordinación integral para ganar eficiencia
En la práctica, la orquestación implica integrar planificación, ejecución y documentación dentro de un sistema conectado de punta a punta. En lugar de operar con procesos aislados y flujos de información basados en correos electrónicos, planillas o llamadas telefónicas, el objetivo es que los datos circulen automáticamente entre sistemas y actores.
Por ejemplo, una actualización en el nivel de inventario debería impactar de inmediato en la programación del transporte. Del mismo modo, si un embarque registra una demora en puerto, el sistema tendría que reflejarlo en la planificación de entregas y en la documentación asociada. Cada evento alimenta automáticamente el siguiente paso de la operación.
Más que automatizar tareas, este enfoque apunta a coordinar el ecosistema logístico como una red integrada. En una región donde la dispersión de información es habitual, la integración permite reducir errores, minimizar reprocesos y mejorar la previsibilidad.
Particularidades regionales y presión competitiva
La cadena de suministro latinoamericana combina transporte marítimo, terrestre y, en algunos casos, fluvial o ferroviario, atravesando países con normativas aduaneras distintas. A esto se suman demoras en pasos fronterizos, congestión portuaria y variaciones climáticas que pueden afectar rutas y terminales.
Con el crecimiento del comercio intrarregional y el avance de estrategias como el nearshoring, las empresas enfrentan mayores exigencias en plazos y trazabilidad. En este escenario, la visibilidad en tiempo real se vuelve crítica: contar con datos integrados permite anticipar desvíos y gestionar excepciones antes de que impacten en el cliente final.
Del modelo reactivo al enfoque proactivo
Históricamente, muchas organizaciones en la región gestionaron su logística de forma reactiva, resolviendo incidencias a medida que surgían. Sin embargo, la volatilidad global —cambios en la demanda, alteraciones en rutas marítimas o eventos climáticos extremos— exige un enfoque preventivo.
La orquestación facilita esta transición al habilitar paneles de control en tiempo real y alertas automáticas que permiten detectar desvíos tempranos, reasignar recursos y ajustar itinerarios antes de que la interrupción se amplifique. Entre los beneficios identificados se encuentran la reducción de costos por intervenciones manuales, menor error documental y decisiones estratégicas basadas en datos consolidados.
En términos estructurales, la logística deja de ser vista únicamente como un costo operativo para convertirse en un factor de competitividad.
Una transformación estructural hacia 2026
La evolución hacia modelos más integrados no responde solo a una tendencia tecnológica, sino a una necesidad operativa concreta. En un entorno marcado por múltiples actores, regulaciones y geografías extensas, la coordinación eficiente se posiciona como el principal amortiguador frente a la volatilidad.
De cara a 2026, el desafío para las empresas latinoamericanas no pasa únicamente por ampliar capacidad o incorporar nuevas herramientas digitales, sino por lograr que todos los eslabones de la cadena funcionen como un sistema coherente y conectado.
En una región donde la complejidad es estructural, la integración de datos, procesos y decisiones en tiempo real se perfila como uno de los factores determinantes para sostener el crecimiento del comercio y fortalecer la competitividad logística regional.






