Un estudio del BCRP y USIL revela que el tiempo perdido en traslados diarios equivale, en los casos más críticos, a más de un tercio de la remuneración mínima mensual.
El tráfico en Lima y Callao se ha convertido en un costo económico invisible que erosiona el ingreso real de los trabajadores. No se trata solo del gasto en pasajes, sino del valor del tiempo no remunerado que millones de personas pierden cada día en el trayecto entre su vivienda y su centro laboral.
Un estudio elaborado por el economista Nikita Céspedes, del Banco Central de Reserva del Perú y la Universidad San Ignacio de Loyola, estima que el tiempo promedio diario de transporte en Lima Metropolitana alcanza 1,7 horas, equivalente a 1 hora con 42 minutos. Si ese tiempo se valoriza al salario mínimo por hora, considerando una jornada de 8 horas y 22 días laborales al mes, representa alrededor del 21 % de una remuneración mínima mensual, aproximadamente S 240.
Distritos periféricos, el mayor impacto
La carga es aún más severa en distritos periféricos como Ancón, Santa Rosa y Mi Perú, donde los desplazamientos pueden superar las tres horas diarias. En estos casos, el tiempo invertido en transporte equivale a unos S 410 mensuales, cerca del 36 % de la remuneración mínima vital, actualmente en S 1130.
En términos económicos, esto implica que más de un tercio del salario mínimo se diluye en horas improductivas atrapadas en el transporte, reduciendo el ingreso disponible y afectando el bienestar de los hogares.
El estudio también muestra que entre 2010 y 2024 el tiempo promedio diario de traslado aumentó 57 %, al pasar de 0,84 a 1,33 horas. Esta tendencia representa una pérdida de capital humano para la economía, especialmente en sectores como comercio y servicios, altamente dependientes de la movilidad.
Impacto en productividad y calidad de empleo
Para el exviceministro de Empleo Fernando Cuadros, el efecto trasciende lo monetario. El desgaste físico y emocional que implica pasar hasta tres o cuatro horas adicionales en transporte afecta la productividad y la concentración durante la jornada laboral.
Desde el punto de vista empresarial, un trabajador que llega fatigado y estresado reduce su desempeño, lo que termina impactando en la eficiencia agregada del sistema productivo.
Perú, entre los más congestionados
En el plano internacional, Lima ocupa el primer lugar entre 501 ciudades evaluadas por el índice TomTom en tiempo perdido en horas punta durante 2024, con un promedio anual de 155 horas. Otras ciudades como Arequipa y Trujillo también figuran entre las de peor desempeño en congestión vehicular.
El estudio asocia este deterioro a factores estructurales como el crecimiento demográfico, la expansión urbana desordenada, la limitada infraestructura de transporte masivo y el aumento del parque automotor.
Brecha de género y desigualdad territorial
El incremento del tiempo de traslado ha sido más pronunciado en zonas urbanas, donde creció 60 % entre 2010 y 2024, frente a 40 % en áreas rurales. Aunque los hombres aún registran mayores tiempos promedio, el aumento ha sido más acelerado en mujeres, 74 % frente a 49 % en hombres.
Este fenómeno refleja una mayor inserción femenina en el mercado laboral, muchas veces en distritos alejados, lo que amplía las brechas de movilidad y bienestar.
Paradójicamente, trabajadores de menores ingresos suelen registrar tiempos menores, no por mejores condiciones de transporte, sino porque el costo y la duración del traslado limitan su disposición a aceptar empleos lejanos.
Infraestructura y políticas pendientes
El teletrabajo, que alcanzó al 10 % de la fuerza laboral en 2021, no constituye una solución estructural, dado que la mayoría de empleos en comercio, servicios, industria y hotelería requieren presencialidad.
Especialistas coinciden en que la solución pasa por acelerar la inversión en transporte público masivo, especialmente en las líneas del Metro de Lima, de las cuales solo una está concluida y la segunda opera parcialmente.
A ello se suma el deficiente diseño y gestión de vías metropolitanas. En 2024 se registraron más de 44.000 siniestros de tránsito en Lima y Callao, con 624 fallecidos, reflejo de problemas de señalización, planificación y control.
Desde una perspectiva macroeconómica, la congestión no es solo un problema urbano, sino un freno estructural a la productividad y al crecimiento potencial del país. El tiempo perdido en el tráfico se traduce en menor eficiencia laboral, mayor estrés social y un costo oculto que reduce el poder adquisitivo real de millones de trabajadores peruanos.
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