El gobierno de Mark Carney firmó un acuerdo comercial con Beijing para reducir aranceles y diversificar mercados, mientras expresó su respaldo a Dinamarca ante la creciente tensión geopolítica por Groenlandia, en un contexto de fricciones con Estados Unidos.
Canadá dio un paso estratégico en su política exterior y comercial al reforzar su vínculo con China y alinearse con Dinamarca en el escenario geopolítico del Ártico. El primer ministro canadiense, Mark Carney, visitó la semana pasada Beijing, donde fue recibido con los honores del protocolo oficial y firmó junto al presidente Xi Jinping un acuerdo comercial orientado a reducir aranceles y relanzar una asociación estratégica entre ambos países.
Durante el encuentro, ambos líderes coincidieron en la necesidad de construir una relación estable y sostenible, basada en intereses comunes y en la adaptación a un entorno global marcado por tensiones comerciales y reconfiguración de alianzas. La visita marcó el primer viaje de un jefe de gobierno canadiense a China en casi una década y envió una señal clara de diversificación económica.
Apertura comercial y señales al mercado
Al cierre de la visita, se confirmó que Canadá habilitará el ingreso de vehículos eléctricos chinos con un arancel preferencial, mientras que China reducirá de manera significativa los impuestos aplicados a productos agrícolas canadienses. La medida busca dinamizar el comercio bilateral y aliviar presiones sobre sectores clave de la economía canadiense, especialmente en un contexto de volatilidad global.
En el Gran Palacio del Pueblo, Carney expresó a Xi la disposición de su gobierno para trabajar sobre la base de la cooperación del pasado y construir una nueva etapa que responda a las actuales realidades internacionales. El mensaje apuntó a recuperar confianza, ampliar flujos comerciales y fortalecer cadenas de suministro más resilientes.
Menor dependencia de Washington
Parte central del giro canadiense responde a la política de Estados Unidos primero impulsada por Donald Trump, que ha derivado en la imposición de aranceles con impacto directo tanto en Canadá como en China. Antes del viaje, Carney fue explícito al señalar que su gobierno busca construir una economía menos dependiente de Washington, en lo que calificó como un momento de disrupción del comercio global.
Esta estrategia refleja una lectura pragmática del escenario internacional, donde los países intermedios buscan reducir riesgos, ampliar socios y proteger su crecimiento ante un entorno cada vez más fragmentado.
Groenlandia y el factor geopolítico
En paralelo al componente económico, la agenda incluyó un fuerte mensaje político. Carney abordó con Xi Jinping la creciente tensión en torno a Groenlandia y expresó el respaldo explícito de Canadá a la soberanía de Dinamarca frente a las reiteradas amenazas de anexión formuladas por el presidente estadounidense.
El posicionamiento canadiense refuerza su alineamiento con Europa en temas de seguridad y gobernanza internacional, y subraya que el rediseño de su política exterior no se limita al comercio, sino que también abarca el equilibrio geopolítico en regiones estratégicas como el Ártico.






