Cuba recurre a África para abastecerse de combustible en medio de una crisis energética

El agotamiento de las reservas y la interrupción del flujo petrolero desde Venezuela forzaron a La Habana a realizar una compra puntual en África, una señal del deterioro de su sistema energético y de las crecientes dificultades para sostener el suministro eléctrico.

La crisis energética en Cuba volvió a profundizarse tras la pérdida del suministro regular de petróleo proveniente de Venezuela y el agotamiento de los cargamentos recibidos desde Rusia y México a fines de diciembre. Ante este escenario, el régimen cubano se vio obligado a adquirir una carga de combustible en África, una decisión poco habitual dentro de su esquema tradicional de abastecimiento.

Una compra atípica fuera del eje habitual

Según plataformas de rastreo satelital, el buque petroquímico Mia Grace partió el lunes 19 de enero desde el puerto de Lomé, en Togo, con destino a La Habana, donde se espera su arribo el próximo 4 de febrero. La nave, con bandera de Islas Marshall y un peso muerto de 50.000 toneladas, transportaría una carga adquirida al contado por Cubametales, empresa estatal vinculada al conglomerado militar GAESA, con la intermediación de un comerciante europeo.

De acuerdo con el investigador del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, Jorge Piñón, no está completamente definida la calidad del combustible, aunque se estima que se trataría de diésel o fueloil. Aunque Togo no cuenta con refinerías, funciona como un importante centro logístico y de tránsito de productos petroleros refinados.

El rol de Europa en la operación

La ruta del Mia Grace refuerza esta hipótesis. Antes de cargar en África, el buque zarpó desde el puerto de Amberes, en Bélgica, donde GAESA ha realizado compras puntuales en años anteriores. El volumen transportado sería de aproximadamente 314.500 barriles de diésel o 280.500 barriles de fueloil, aunque el calado del barco sugiere que no navega a plena capacidad.

Colapso de la generación eléctrica

La compra se produce en un contexto de deterioro acelerado del sistema eléctrico cubano. En los últimos días, la estatal Unión Eléctrica de Cuba informó la paralización casi total de la generación distribuida, clave para mitigar los apagones, especialmente en horarios de alta demanda.

Por falta de combustible, dejaron de operar 101 centrales de generación distribuida, lo que implica una pérdida de 927MW. A ello se suman otros 156MW no generados por escasez de lubricantes. Además, una patana de generación alquilada a la empresa turca Karadeniz Holding, ubicada en la bahía de La Habana, dejó de aportar 30MW.

En conjunto, la energía no producida supera los 1.100MW, cerca de un tercio de la demanda diaria habitual del país. Las centrales funcionan con diésel, mientras que las patanas dependen del fueloil, ambos insumos hoy en niveles críticos.

Venezuela fuera de escena y México como sostén insuficiente

El origen de la actual escasez se remonta a diciembre, cuando la caída del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela y el bloqueo naval de Estados Unidos a la llamada flota fantasma que transportaba crudo venezolano interrumpieron el suministro hacia Cuba.

Actualmente, México se ha convertido en el principal proveedor de combustible de la isla, complementado por envíos desde Rusia. Sin embargo, estos volúmenes resultan insuficientes para cubrir una demanda cercana a los 100.000 barriles diarios, de los cuales solo unos 40.000 provienen de producción nacional.

Una señal de fragilidad estructural

La compra de combustible en África expone no solo la urgencia energética de Cuba, sino también las crecientes limitaciones financieras y logísticas para sostener su modelo de abastecimiento, en un contexto de sanciones, alianzas debilitadas y una infraestructura eléctrica cada vez más vulnerable.