Volkswagen ante el desafío chino y la presión regulatoria en Europa

Oliver Blume, CEO del Grupo Volkswagen, advierte que la transición eléctrica exige reglas más realistas y plantea que los fabricantes chinos deberían producir en Europa si quieren competir en su mercado.

El Grupo Volkswagen atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente, marcado por la transición hacia la electromovilidad, la presión regulatoria europea y el avance acelerado de los fabricantes chinos. En ese escenario, Oliver Blume, CEO del consorcio automotor, señaló en entrevista para El Mundo que la industria necesita reglas más equilibradas para sostener la competitividad y garantizar inversiones de largo plazo.

Un sector en plena transformación

Blume sostiene que la industria automotriz enfrenta desafíos simultáneos, desde la electrificación y el desarrollo de software hasta los cambios geopolíticos y sociales. China, en particular, se ha convertido en un mercado altamente competitivo, con ciclos de innovación mucho más rápidos que los tradicionales en Europa. Frente a ello, Volkswagen ha impulsado una profunda reestructuración interna, con foco en eficiencia, reducción de costos y lanzamiento acelerado de nuevos modelos.

España como eje estratégico

Dentro de esa estrategia, España ocupa un rol clave. El grupo ha invertido alrededor de 10.000 millones de euros en el país para el desarrollo de baterías, productos, infraestructura y tecnología, además del lanzamiento de una nueva familia de vehículos eléctricos urbanos fabricados en Martorell y Landaben. Para Blume, estas inversiones refuerzan la posición de España como uno de los principales hubs de electromovilidad en Europa.

Flexibilidad regulatoria y transición realista

Respecto a las normas europeas, el ejecutivo reafirma el compromiso de Volkswagen con la descarbonización, pero advierte que los mercados no avanzan al ritmo previsto. En ese contexto, considera necesario otorgar mayor flexibilidad durante la transición para evitar sanciones que limiten la capacidad de inversión del sector. Entre las alternativas, plantea extender el uso de motores de combustión más allá de 2035 compensando emisiones, así como ampliar los mecanismos de promedios de emisiones para dar margen a la industria.

China, competencia y reglas de juego

Uno de los puntos más sensibles es la competencia china. Blume remarca que, así como los fabricantes europeos deben producir localmente para operar en China, debería exigirse a los fabricantes chinos producir en Europa si desean vender en el mercado comunitario. A su juicio, esta condición permitiría una competencia más justa, protegería el empleo industrial y fortalecería la cadena de valor europea.

Aprender de China sin perder competitividad

Al mismo tiempo, reconoce que China es una fuente clave de aprendizaje, especialmente en software y electrónica. Volkswagen ha desarrollado centros de innovación bajo la estrategia “En China para China”, con vehículos diseñados y desarrollados localmente. Esa experiencia, afirma, puede trasladarse a otros mercados para acelerar la transformación del grupo sin perder estándares de calidad y seguridad.

Un ajuste inevitable en Europa

Finalmente, Blume admite que existe sobrecapacidad industrial en Europa tras la caída sostenida del mercado automotor. Frente a este escenario, el grupo ha reducido producción y ajustado su estructura laboral. Aunque califica estas decisiones como difíciles, sostiene que son necesarias para asegurar la competitividad futura y sostener a Europa como un actor relevante en la industria automotriz global.