El acuerdo UE Mercosur reabre el debate sobre alimentos y pesticidas prohibidos

El tratado de libre comercio entre ambos bloques avanza, pero deja sin resolver uno de los puntos más sensibles, el ingreso de alimentos tratados con químicos vetados en Europa y sus posibles impactos económicos y sanitarios.

Todo está listo para que la Unión Europea y el Mercosur firmen este fin de semana, en Paraguay y Brasil, el acuerdo de libre comercio entre ambos bloques. El pacto pone fin a décadas de negociación, pero mantiene abiertos varios de los aspectos más controvertidos, especialmente el control de alimentos importados tratados con pesticidas y sustancias químicas prohibidas en territorio europeo por sus riesgos para la salud humana.

Negociadores latinoamericanos han reconocido dificultades para garantizar la trazabilidad del uso de fungicidas, insecticidas, antibióticos y hormonas que están vetados en la Unión Europea. Este problema, según denuncian organizaciones agrarias europeas, no fue resuelto en el texto definitivo del acuerdo, lo que genera preocupación entre productores y autoridades sanitarias del bloque comunitario.

Controles en frontera y tensiones internas en Europa

Desde la Comisión Europea aseguran que se reforzarán los controles en frontera para los contingentes de frutas, hortalizas y carne que llegarán desde Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia. Sin embargo, estas garantías no convencen a países como Francia, que ya anunció la aplicación de mecanismos de supervisión más estrictos a nivel nacional.

Los agricultores europeos advierten que el problema se origina mucho antes de que los productos lleguen a puertos o aeropuertos europeos, debido a la dificultad de controlar los procesos productivos en origen.

Sustancias químicas bajo la lupa

Cinco productos concentran las principales alertas, Carbendazim, Glufosinato, Mancozeb, Benomyl y Tiofanato metil. Aunque sus nombres técnicos resultan complejos, son de uso habitual en la agricultura latinoamericana, ya que nunca han estado prohibidos en la región, son de bajo costo y se utilizan de manera extendida, lo que complica su fiscalización.

En los análisis previos a la firma del acuerdo, estas sustancias aparecen vinculadas a prácticamente todas las exportaciones frutícolas del bloque sudamericano, como frutos rojos, peras, manzanas, cítricos, mango, papaya y palta, producto conocido en otros mercados como aguacate.

Hormonas y carne, un foco crítico

Aún más complejo resulta el control del uso de hormonas prohibidas en la Unión Europea, que siguen empleándose en el Cono Sur para el engorde de animales, especialmente cerdos y ganado vacuno. Un caso emblemático es el del Oestradiol 17 beta, utilizado en la cría de ganado en Brasil.

En 2024, con las negociaciones ya avanzadas, las autoridades brasileñas reconocieron ante Bruselas que se había autorizado el envío de carne tratada con esta hormona, lo que obligó a la Unión Europea a suspender temporalmente la importación de carne de vacuno brasileño.

Impacto comercial y desequilibrios

Con la creación de lo que ya se denomina la zona de libre comercio más grande del mundo, el volumen de alimentos que llegará a Europa será significativamente mayor, así como los desafíos para aplicar controles exhaustivos. El desequilibrio comercial entre ambos bloques ya es evidente, incluso antes de la entrada en vigor del acuerdo.

La balanza comercial es deficitaria tanto para España como para el conjunto de la Unión Europea. En el caso español, destacan importaciones por 1.800 millones de euros en productos de soya y 380 millones de euros en café, frente a exportaciones más reducidas como el aceite de oliva, que supera ligeramente los 100 millones de euros, o el vino, que alcanzó 33,6 millones de euros en 2024.

El sector lácteo europeo aparece como uno de los potenciales beneficiados, al incrementarse su capacidad exportadora, mientras que las importaciones de crustáceos desde el Cono Sur, que superan los 300 millones de euros, podrían afectar al sector pesquero europeo.

Salvaguardias y ratificación pendiente

El acuerdo incluye cláusulas de salvaguardia para productos sensibles como la carne de vacuno, la carne de ave y el azúcar, limitando las importaciones a un máximo de entre 1% y 1,5% del consumo total del bloque comunitario, con el objetivo de proteger al sector agroalimentario europeo.

Aunque el pacto será ratificado políticamente este fin de semana, aún deberá ser aprobado por el Parlamento Europeo, en una votación prevista para mayo. Hasta entonces, la entrada en vigor del acuerdo no será efectiva, manteniendo abierto un debate que combina comercio, salud pública y sostenibilidad económica.