Acuerdo Estados Unidos Taiwan

El acuerdo entre Estados Unidos y Taiwán marca un punto de inflexión en la industria global de semiconductores, al combinar reducción de aranceles con un fuerte compromiso de inversión que refuerza la relocalización productiva y redefine el equilibrio tecnológico y comercial de cara a 2026.

EE. UU. y Taiwán acaban de cerrar un acuerdo comercial súper importante para el sector tecnológico, según la información más reciente, el presidente Trump habría pactado reducir los aranceles a Taiwán al 15%, mientras que las empresas taiwanesas de chips y tecnología se comprometen a invertir al menos 250.000 millones de dólares en Estados Unidos.

Este acuerdo es importante porque está directamente relacionado con la industria de semiconductores, que hoy es uno de los pilares de la economía global, desde inteligencia artificial, autos, teléfonos, hasta defensa y equipos industriales dependen de los chips. En otras palabras, no es solo un “acuerdo comercial”, sino una estrategia para que EE. UU. asegure producción local y reduzca su vulnerabilidad en cadenas de suministro.

Lo interesante es que el mercado lo puede interpretar como un movimiento de “certidumbre” para la relación entre ambos países, porque fija un marco más claro para el comercio y evita escaladas más agresivas de aranceles. Al mismo tiempo, también confirma algo que venimos viendo en los últimos años, EE. UU. está impulsando con fuerza la relocalización industrial, buscando que gran parte de la producción tecnológica crítica se quede dentro de su territorio.

En mi opinión, este anuncio refuerza la narrativa de que el comercio y la política industrial van a seguir marcando el ritmo de los mercados en 2026, especialmente en sectores como tecnología y semiconductores. Y aunque en el corto plazo esto puede ser positivo por estabilidad y flujo de inversión, el mercado seguirá sensible a cualquier detalle adicional, como nuevos aranceles en productos específicos, restricciones tecnológicas o cambios en la relación geopolítica.

Ahora lo que toca vigilar es el “detalle fino”, es decir, cuánto de esa inversión se ejecuta realmente, en qué plazos, qué empresas participan y qué impacto tendrá en la industria de chips dentro de EE. UU.

Diego Albuja, Analista de mercados ATFX LATAM.