Por Debbie Cobb, vicepresidenta de Gestión de Productos de FICO
El alcance y la magnitud del fraude moderno son impactantes. Los delincuentes causan actualmente enormes pérdidas financieras tanto a los clientes como a las instituciones, mientras que los procesos aislados y la falta de detección avanzada pueden disminuir la confianza de los clientes y comprometer la reputación de las instituciones. En el mundo regulado de los servicios financieros, la integridad de cada transacción y la seguridad de cada cuenta son primordiales. Para los profesionales y compradores de soluciones de gestión de fraude, es fundamental conocer de manera profunda y meticulosa la detección de fraude, desde los principios básicos hasta las aplicaciones más innovadoras.
Esta guía integral explora el dominio multifacético de la detección de fraude, incluidas técnicas específicas y su implementación práctica. También conoceremos cómo FICO utiliza el análisis avanzado, machine learning y un enfoque holístico en la gestión de fraude para combatir las amenazas emergentes y neutralizarlas antes de que ocasionen daños importantes.
En esta primera entrega, desglosamos los fundamentos operativos de la industria y analizamos por qué una detección de fraude robusta se ha consolidado como el pilar crítico para salvaguardar tanto la integridad financiera como el valor reputacional de las instituciones.
¿Qué es la detección de fraude? Conceptos y principios básicos
En esencia, la detección de fraude es el proceso de identificar y prevenir prácticas engañosas diseñadas para obtener ganancias financieras u otros beneficios a través de medios ilícitos. Abarca una amplia variedad de actividades, desde el monitoreo de transacciones individuales hasta el análisis de patrones conductuales generales, con el objetivo de descubrir actividades sospechosas o actores maliciosos antes de que causen un daño significativo. Para las instituciones financieras, la gestión de fraude implica proteger las cuentas de los clientes, prevenir transacciones no autorizadas, identificar e intervenir en operaciones que puedan estar asociadas con actividades delictivas y salvaguardar los activos y la reputación de la institución.
Consideremos el fraude con tarjeta de crédito. Un cliente realiza una compra en línea. Un sistema sólido de detección de fraude analiza de inmediato esa transacción y la compara con una amplia base de datos históricos que incluye los hábitos de gasto normales del cliente, la ubicación geográfica, el importe de la transacción, el tipo de comercio y el dispositivo utilizado. Si el sistema detecta un gasto fuera de patrón, si la transacción se origina en una ubicación inusual o si se utiliza un dispositivo no asociado previamente con la cuenta, la señala como posiblemente fraudulenta. Esta señal da lugar a una investigación más extensa o a la suspensión inmediata de la transacción para proteger tanto al cliente como a la institución.
Los principales objetivos de una estructura de detección de fraude son identificar con precisión el fraude real y minimizar los falsos positivos, es decir, cuando las transacciones legítimas se señalan incorrectamente como fraudulentas. Un sistema de detección de fraude demasiado cauteloso puede frustrar a los clientes y conducir a la pérdida de negocios, mientras que un sistema que deja pasar una cantidad grande de fraudes expone a la institución a riesgos y pérdidas inaceptables.
¿Cuál es el proceso típico de la detección de fraude?
- Recopilación de datos: Obtención de grandes volúmenes de datos de diversas fuentes, incluidos historiales transaccionales, perfiles de clientes, datos conductuales, información de dispositivos e inteligencia de riesgos de terceros.
- Modelos de detección de anomalías: Aplicación de técnicas analíticas, como algoritmos de machine learning, para identificar patrones indicativos de fraude cuando se detectan desviaciones de las normas establecidas o comportamientos esperados.
- Análisis y toma de decisiones: Desarrollo de estrategias basadas en riesgos que utilizan modelos de detección de anomalías y otros datos para determinar si una transacción debe aprobarse, rechazarse o someterse a una mayor revisión.
- Generación de alertas: Cuando el análisis y la toma de decisiones alcanzan un determinado umbral de riesgo, el sistema genera una alerta para notificar a los analistas humanos o iniciar acciones automatizadas, como contactar al cliente o bloquear una transacción.
- Investigación: Los analistas de fraudes revisan las alertas prioritarias, recopilan contexto adicional y contactan al cliente para determinar si la actividad es realmente fraudulenta. Con base en sus hallazgos, se decide bloquear o desbloquear la cuenta, reemitir una tarjeta u otras acciones.
- Bucle de retroalimentación: Los resultados de las investigaciones se reintegran al sistema para perfeccionar las reglas y volver a entrenar los modelos de aprendizaje automático, lo que garantiza la mejora continua y la adaptación a los nuevos patrones de fraude.
Principios clave de la detección de fraude
- Precisión: La capacidad de identificar correctamente las transacciones como fraudulentas o legítimas para minimizar tanto los falsos positivos como los falsos negativos.
- Velocidad (tiempo real): La capacidad de procesar y analizar grandes volúmenes de transacciones en milisegundos es vital para prevenir el fraude durante el proceso de autorización.
- Adaptabilidad: La capacidad del sistema para evolucionar y aprender a partir de los datos nuevos, de la retroalimentación directa y de la detección de los esquemas de fraude emergentes.
- Capacidad explicativa: Saber por qué una transacción específica se marcó como sospechosa es crucial para el cumplimiento regulativo y una investigación eficaz.
- Escalabilidad: El sistema debe ser capaz de gestionar volúmenes de datos y transacciones cada vez mayores sin que se degrade su rendimiento.
Por qué la detección de fraude es imprescindible en los servicios financieros
La industria de servicios financieros es un objetivo primordial para los delincuentes. Dado que los bancos y otros proveedores de servicios financieros manejan enormes sumas de dinero y datos confidenciales de los clientes, se enfrentan a un flujo constante de delincuentes que intentan explotar vulnerabilidades. La necesidad de sistemas integrales de gestión de fraude empresarial nunca ha sido tan grande y sigue creciendo debido al aumento en los volúmenes de fraude, la creciente sofisticación de los defraudadores y los cambios en los requisitos regulatorios.
Las pérdidas por fraude son sustanciales y multifacéticas. Además del robo directo de fondos, las instituciones incurren en costos significativos asociados con investigaciones, reembolsos, gastos operativos y posibles multas regulativas, lo que puede afectar los resultados financieros y comprimir los recursos. Además, un sólo incidente de fraude de alto perfil puede dañar gravemente la reputación de una institución, lo que provocaría la pérdida de la confianza de los clientes y disminuiría la participación de mercado. Los clientes esperan que sus proveedores financieros protejan sus activos y datos; cualquier traición a esta confianza puede conducir a un éxodo masivo de clientes y a una prolongada lucha por recuperar la credibilidad.
Los organismos regulatorios de todo el mundo imponen requisitos estrictos a las instituciones financieras para que implementen controles eficaces que mitiguen los riesgos de delitos financieros. El incumplimiento puede dar lugar a multas considerables, sanciones legales y restricciones operativas severas, lo que significa que la inversión en detección y gestión de fraude empresarial es tanto una decisión empresarial acertada como una obligación normativa.
En esencia, la detección de fraude es el mecanismo de defensa estratégica que protege la salud financiera de una institución, resguarda a sus clientes y mantiene su posición en el mercado. La detección de fraude no es reactiva, sino un escudo proactivo y en tiempo real que trabaja constantemente para identificar e intervenir frente a las actividades delictivas antes de que se conviertan en pérdidas significativas.






