Infraestructura en redefinición: por qué las organizaciones deben repensar su dependencia de plataformas propietarias

Por José Miguel Guzmán, Co Founder de Whitestack

El ecosistema tecnológico global atraviesa una etapa de profunda reconfiguración. Los recientes cambios en VMware sobre su estructura de licenciamiento, portafolio y modelos comerciales, confirman una realidad que los equipos de infraestructura ya anticipaban: depender de una única plataforma, proveedor o arquitectura implica un costo estratégico cada vez más alto. En este contexto, las organizaciones necesitan evaluar alternativas que les permitan asegurar continuidad operativa, eficiencia y verdadera autonomía tecnológica.

Pero este debate no se trata solo de migrar o reemplazar plataformas. Se trata de entender las opciones. El desafío para empresas y entidades públicas de este mercado que evoluciona rápidamente no es reaccionar por urgencia, sino tomar decisiones informadas sobre cómo quieren que opere su infraestructura en los próximos cinco o diez años.

Durante décadas, la virtualización propietaria fue sinónimo de estabilidad, pero los cambios recientes en VMware obligan a repensar ese paradigma. La consolidación de productos, el fin de líneas históricas y las nuevas condiciones comerciales abren preguntas muy concretas: ¿Qué tan flexible es mi arquitectura? ¿Qué tan predecibles serán mis costos? ¿La infraestructura que tengo hoy me permite crecer en multinube, edge o IA?

Estas preguntas son inevitables, pero también son una oportunidad. La madurez del código abierto, la estandarización de Kubernetes y el desarrollo de plataformas de infraestructura abierta permiten construir entornos más portables, modulares y resilientes que hace una década eran impensables. El valor ya no está en un único hipervisor o consola de administración, sino en la capacidad de operar infraestructura distribuida, automatizada y preparada para escalar en diferentes nubes o escenarios.

Esta evolución no ocurre en el vacío. Según el International Data Corporation (IDC), el gasto global en soluciones de edge computing alcanzará los US$ 261.000 millones en 2025, mientras que el mercado de edge data centers (incluyendo micro data centers) crecerá hasta US$ 16.55 mil millones ese mismo año, de acuerdo con The Business Research Company. Estas cifras muestran que la transición hacia infraestructuras más distribuidas no es un fenómeno marginal, sino un cambio estructural que ya está redefiniendo cómo las organizaciones diseñan y operan su infraestructura tecnológica.

En Whitestack vemos este momento como un punto de inflexión. Las organizaciones de la región están reevaluando su relación con las plataformas propietarias y observando alternativas que ofrezcan soberanía tecnológica, costos más eficientes, interoperabilidad real y eviten bloqueos de proveedores. No se trata de reemplazar por reemplazar, sino de alinear la infraestructura con los objetivos de negocio y las necesidades futuras de innovación.

Lo importante hoy no es solo qué tecnología adoptar, sino asegurarse de que la decisión entregue flexibilidad a largo plazo. En un escenario donde la IA, el edge computing y la infraestructura distribuida se vuelven esenciales, las organizaciones necesitan entornos que puedan adaptarse sin volver a caer en dependencias rígidas o estructuras de licenciamiento que escalen sin control.

Desde Whitestack acompañamos a organizaciones de toda la región justamente en ese proceso: entender sus opciones, proyectar su arquitectura futura y adoptar tecnologías abiertas que les permitan construir infraestructura sustentable, robusta y alineada a sus metas de negocio. Porque cuando el mercado cambia, reaccionar no es suficiente; lo estratégico es elegir con claridad.