Crisis en la Fed, oro en récords y EEUU avanza sobre el petróleo venezolano

La ofensiva política sobre la Reserva Federal, el reposicionamiento energético de Estados Unidos en Venezuela y el repunte del oro como activo refugio configuran un escenario de alta volatilidad global que pone en tensión la estabilidad monetaria, financiera y geopolítica.

El ecosistema financiero global ha ingresado en una fase de volatilidad sistémica y reconfiguración de poder que recuerda a los periodos de mayor fricción geopolítica del siglo XX. La convergencia de una crisis institucional en el corazón de la Reserva Federal, una agresiva política de absorción de recursos energéticos en el hemisferio sur y la escalada de tensiones en el Ártico y Medio Oriente ha fracturado la narrativa de estabilidad que dominó el cierre del año anterior. Wall Street, en una demostración de resiliencia o quizás de desconexión del riesgo soberano, ha impulsado al S&P 500 y al Nasdaq 100 a récords históricos, ignorando momentáneamente la presión sobre los rendimientos de los bonos del Tesoro, que se mantienen elevados ante la incertidumbre fiscal y monetaria. Mientras tanto, el oro ha validado su estatus de refugio definitivo al perforar la barrera de los 4.600 USD por onza, una cifra que refleja no solo la inflación latente, sino el miedo profundo a una ruptura del orden institucional en Washington.

La arquitectura de la política monetaria estadounidense enfrenta su desafío más severo tras la apertura de una investigación criminal por parte de la Fiscalía del Distrito de Columbia contra el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell. Aunque el foco oficial es la multimillonaria renovación de la sede del banco central, Powell ha denunciado que se trata de un «pretexto» político enmarcado en una campaña de intimidación por parte de la administración Trump. Esta colisión ha paralizado el proceso legislativo, con el senador Thom Tillis bloqueando cualquier confirmación de funcionarios de la Fed hasta que se despeje la situación judicial. En paralelo, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha intentado calmar los ánimos asegurando que el país cuenta con liquidez suficiente para gestionar posibles reveses legales sobre los aranceles ante la Corte Suprema, mientras el presidente Trump redobla su retórica populista proponiendo un tope temporal del 10% a los intereses de las tarjetas de crédito —una medida que podría ahorrar a los hogares cerca de 100.000 millones de dólares anuales pero que amenaza con desestabilizar el modelo de negocio bancario tradicional.

En el tablero energético, la estrategia de «dominio total» de la administración Trump ha dado un giro radical hacia Venezuela. Mediante una orden ejecutiva de emergencia, el Tesoro de EE. UU. ha comenzado a centralizar los ingresos petroleros venezolanos, mientras gigantes como ExxonMobil y Chevron han recibido luz verde para un despliegue operativo masivo en suelo venezolano. El CEO de Exxon confirmó que podrían iniciar trabajos de campo en cuestión de semanas, enfocándose en la recuperación de infraestructura crítica para procesar el crudo pesado necesario para la red vial estadounidense. La entrega de 30 millones de barriles valorados en 4.000 millones de dólares marca el inicio de una integración económica forzosa que busca excluir la influencia de China y Rusia, a quienes Trump ha advertido directamente que el hemisferio está bajo nueva vigilancia. Esta política de «línea dura» se extiende al Caribe, donde el mandatario ha instado a Cuba a alcanzar un acuerdo «antes de que sea demasiado tarde», cortando el flujo de petróleo y capital hacia la isla.

La tensión se ha trasladado con igual intensidad al flanco norte de la OTAN. La propuesta de Trump de adquirir o «controlar» Groenlandia ha desatado una crisis diplomática con Dinamarca y Alemania. El ministro de exteriores alemán, Wadephul, ha insistido en que cualquier preocupación de seguridad en el Ártico debe gestionarse dentro del marco de la alianza, rechazando la retórica unilateral de Washington. En Europa del Este, el Reino Unido ha elevado la apuesta tecnológica con el «Proyecto Nightfall», un programa de desarrollo acelerado de misiles balísticos terrestres para Ucrania con un alcance superior a los 500 km, capaces de alcanzar objetivos estratégicos en profundidad. Esta escalada ocurre en un momento de máxima debilidad para el régimen iraní, que enfrenta protestas internas con un saldo superior a los 200 muertos, mientras Israel se mantiene en alerta máxima ante una posible intervención directa de EE. UU., tras confirmarse contactos entre la administración Trump y líderes de la oposición iraní.

En Asia, el Banco Popular de China ha respondido con una inyección de liquidez de 86.100 millones de yuanes y el fortalecimiento de su divisa, intentando blindar su economía frente a la volatilidad externa. Sin embargo, los datos de Corea del Sur revelan la fragilidad del comercio global, con un déficit provisional de 2.660 millones de dólares en la primera decena de enero y una caída en las importaciones del 4,5%. Japón también enfrenta incertidumbre política con la posibilidad de elecciones anticipadas, lo que añade otra capa de riesgo a la región. El mercado de divisas refleja este caos, con el dólar/yen alcanzando su nivel más alto desde principios de 2025, superando los 158,185, mientras los operadores ajustan sus posiciones ante la posibilidad de que la Fed sea forzada a una postura más restrictiva o, por el contrario, pierda su autonomía operativa.

Desde mi punto de vista, nos encontramos ante la mayor prueba para el sistema de moneda fiduciaria y la independencia bancaria en décadas. La politización de la Reserva Federal no es un evento aislado, sino el catalizador de una crisis de confianza que podría llevar al oro a buscar los 5.000 USD antes de finalizar el trimestre. Observo que el mercado de acciones está operando bajo una «ilusión de estabilidad» proporcionada por la expansión fiscal y el optimismo energético, pero ignora los riesgos de cola que supone un posible cierre de gobierno el 30 de enero y una ruptura con la OTAN por la cuestión de Groenlandia.

Mi proyección para el futuro inmediato contempla un escenario de alta volatilidad donde la energía y los metales preciosos serán los únicos activos que conserven valor real ante la incertidumbre regulatoria en EE. UU. Considero que la integración del petróleo venezolano es un movimiento táctico brillante, pero de ejecución riesgosa, que podría generar un alivio en los precios de la gasolina a corto plazo a costa de una mayor exposición geopolítica. Para el inversor institucional, mi sugerencia es una rotación agresiva hacia activos tangibles y una reducción de la exposición a bancos comerciales expuestos al crédito al consumo, ya que el tope del 10% a las tarjetas de crédito podría comprimir los márgenes netos de interés a niveles insostenibles en un entorno de tasas aún elevadas.

Felipe Mendoza, CEO IMB Capital Quants