Kawasaki construirá una nave capaz de transportar 40,000 m³ de hidrógeno licuado por viaje, un salto tecnológico que busca asegurar importaciones energéticas descarbonizadas para la industria pesada.
Kawasaki Heavy Industries y Japan Suiso Energy anunciaron la construcción del que será el mayor buque del mundo para el transporte de hidrógeno licuado, una infraestructura clave dentro de la estrategia japonesa para asegurar suministros energéticos sin carbono a gran escala. La nave tendrá una capacidad de 40,000 m³ de hidrógeno licuado, más de 30 veces superior a la de su antecesor experimental.
El buque será construido en las instalaciones de Sakaide Works, en la prefectura de Kagawa, y se prevé que entre en operación a inicios de la década de 2030, en paralelo al desarrollo de infraestructura portuaria y de consumo industrial en Japón.
Un salto de escala frente al Suiso Frontier
El diseño se basa en la experiencia del Suiso Frontier, el primer buque que logró transportar hidrógeno licuado entre Australia y Japón en 2022. Aquella operación probó la viabilidad técnica del concepto. El nuevo proyecto apunta a algo distinto: llevar el hidrógeno licuado a una escala industrial real, capaz de sostener cadenas de suministro continuas.
Transportar hidrógeno en estado líquido implica mantenerlo a –253 °C, apenas 20 grados por encima del cero absoluto. Cualquier ganancia térmica genera evaporación, conocida como boil-off, uno de los principales retos económicos del hidrógeno licuado. Para reducir este efecto, Kawasaki incorporará sistemas avanzados de aislamiento criogénico, diseñados para travesías largas y repetitivas.
Propulsión híbrida en una etapa de transición
El buque contará con un sistema de propulsión eléctrica alimentado por un generador dual, capaz de operar tanto con hidrógeno como con combustibles convencionales. Este enfoque refleja el carácter transicional del sector energético: se prioriza la fiabilidad operativa y la seguridad mientras la tecnología madura y se expande el uso del hidrógeno como combustible principal.
La estrategia busca evitar cuellos de botella logísticos en las primeras etapas del despliegue, apostando por estabilidad operativa antes de una descarbonización total de la cadena.
Ogishima, nuevo nodo energético
La nave abastecerá el terminal de hidrógeno licuado de Kawasaki en Ogishima, que incluirá un tanque de almacenamiento de 50,000 m³, sistemas de descarga marítima, reliquefacción y distribución terrestre mediante camiones criogénicos. Las obras del complejo comenzaron en noviembre pasado.
El proyecto está orientado a atender sectores industriales difíciles de electrificar, como refinerías, siderurgia, química pesada y generación eléctrica, donde el hidrógeno aparece como una de las pocas alternativas viables para reducir emisiones.
Japón acelera su estrategia de hidrógeno importado
Altamente dependiente de la energía importada, Japón ve en el hidrógeno una vía para reducir emisiones sin comprometer su seguridad energética. En ese contexto, el país viene cerrando acuerdos con potenciales proveedores, como Australia, donde se evalúan exportaciones de hidrógeno azul a gran escala.
El enfoque es estratégico más que ideológico: asegurar volumen y continuidad del suministro, mientras se avanza progresivamente en la reducción de la huella de carbono.
Hidrógeno licuado frente a otras alternativas
Aunque el transporte de hidrógeno licuado es técnicamente complejo y costoso, presenta ventajas frente a otros portadores como el amoníaco, ya que no requiere procesos adicionales de craqueo para obtener hidrógeno puro. En aplicaciones industriales que demandan alta pureza, esta ventaja podría compensar los mayores costos logísticos en el largo plazo.
Una pieza clave para la descarbonización industrial
Infraestructuras de este tipo podrían desbloquear la transición energética de sectores como el acero, el cemento y la química pesada, donde las alternativas actuales son limitadas. Además, la estandarización del transporte marítimo de hidrógeno podría favorecer mercados internacionales más competitivos y previsibles.
No se trata de una solución única, pero sí de una pieza relevante del rompecabezas energético global, con impacto potencial en emisiones reales y en la seguridad energética de las economías industriales.






