Gigante económico, desafío social: India ya es la cuarta economía del mundo

El Gobierno de la India confirmó, en su revisión económica de fin de año, que el país superó a Japón y se convirtió en la cuarta mayor economía del mundo, consolidando su posición como una de las principales potencias económicas globales. No obstante, las autoridades reconocieron que este avance macroeconómico contrasta con profundos desafíos sociales y estructurales, reflejados en un PBI per cápita significativamente inferior al de las economías desarrolladas.

Según el informe oficial, el crecimiento sostenido de la economía india ha sido impulsado por el dinamismo de sectores como tecnología, manufactura, servicios, infraestructura y consumo interno, además de una población joven que fortalece su mercado doméstico. Este desempeño permitió al país escalar posiciones en el ranking mundial del Producto Bruto Interno (PBI) medido en términos nominales.

Sin embargo, el propio Gobierno indio subrayó que el PBI per cápita continúa siendo bajo, en comparación con otras grandes economías, lo que evidencia brechas persistentes en ingresos, acceso a servicios básicos, educación, salud y empleo formal. Este contraste plantea el desafío de transformar el crecimiento económico en desarrollo inclusivo para más de 1,400 millones de habitantes.

Analistas internacionales señalan que, si bien la India se ha convertido en un actor clave en la economía global y en las cadenas de suministro internacionales, su principal reto será reducir la desigualdad y mejorar la calidad de vida de su población, especialmente en zonas rurales y sectores urbanos vulnerables.

En ese contexto, el Ejecutivo indio reafirmó su compromiso de continuar con reformas orientadas a fortalecer la productividad, ampliar la cobertura social y atraer inversión extranjera, con el objetivo de sostener el crecimiento económico y cerrar las brechas sociales que aún limitan su desarrollo.

El avance de la India como cuarta potencia mundial confirma su creciente influencia en la economía internacional, aunque deja en evidencia que el tamaño de la economía no siempre se traduce automáticamente en bienestar social, un desafío común para las grandes economías emergentes.