Por. Felipe Mendoza, CEO IMB Capital Quants
Iniciar 2026 invirtiendo con criterio se trata de entender qué tesis pueden dominar el año y construir una cartera capaz de oportunidades interesantes, pero sin olvidar los riesgos globales. Desde el análisis cuantitativo de IMB Capital Quants, el punto de partida es un entorno donde el dólar seguiría mostrando debilidad, apoyado por expectativas de recortes adicionales y por la transición que el mercado empieza a anticipar en el liderazgo de la Reserva Federal; en ese sentido, la contraparte natural suele ser un mayor apetito por riesgo fuera de Estados Unidos y una búsqueda más consistente de activos sólidos. Eso no significa que todo suba en línea recta, la expectativa del inversionista está igualmente sensible a cualquier evento que genere incertidumbre, por ejemplo, recortes más limitados de lo que el mercado descuenta o activación de dificultades comerciales con aranceles como lo fue el año pasado y esto podría traducirse en posibles correcciones que recalibren el exceso de confianza acumulado, antes de que el ciclo retome dirección si la liquidez termina debilitando. Por eso, el enfoque ganador para 2026 incluye elegir bien los mercados a observar y, al mismo tiempo, blindar el proceso con reglas de protección del capital.
Si el dólar se debilita y las condiciones financieras se relajan, es razonable esperar que los principales índices bursátiles y mercados emergentes se mantengan interesantes, pero ya no solo como un rebote especulativo, sino en fases más consolidadas y todavía alcistas. El efecto se siente especialmente en monedas y bolsas emergentes, porque un dólar menos presionante reduce parte de la inflación importada, mejora la dinámica de financiamiento y favorece flujos hacia regiones con valuaciones relativamente más atractivas; en América Latina, esto puede darle oxígeno a países como México, Brasil y Colombia, siempre recordando que el riesgo político y fiscal no desaparece y que los retrocesos son parte normal del camino. Paralelamente, dentro de Estados Unidos, un escenario de tasas menos restrictivas abre la puerta a una rotación sectorial, donde el liderazgo puede ampliarse más allá de los grandes nombres tecnológicos del ciclo anterior y empezar a revitalizar sectores rezagados como real estate, energía, materiales y consumo defensivo. Ahí es donde cobran sentido instrumentos que permiten exposición ordenada a esos bloques, como ETFs sectoriales tipo XLRE, XLE, XLB y XLP, porque brindan acceso a la tesis sin depender del acierto de una sola acción.
La otra gran oportunidad para 2026 son los metales y, en general, los activos reales. De continuar la narrativa, el oro y otros metales, podrían conservar su rol como activos estratégicos cuando el mercado percibe fragilidad institucional o cuando crece el incentivo a diversificar reservas lejos del dólar; la plata suele acompañar con mayor volatilidad por su componente industrial. Más allá de los metales preciosos, con un contexto de competencia geopolítica, reordenamiento logístico, transición energética, expansión de data centers y demanda eléctrica, se mantiene en el radar a metales críticos e insumos estratégicos para baterías, semiconductores, manufactura avanzada y defensa. En energía, el uranio destaca como narrativa estructural ligada al consumo eléctrico y a la reactivación nuclear en varias regiones, mientras que petróleo y gas podrían seguir atados al balance entre disciplina de oferta, tensiones geopolíticas y capacidad productiva. Incluso los activos cripto entran con un tono más sobrio, no necesariamente nulo, pero sí más dependiente de liquidez y de utilidad real; puede tener correcciones fuertes pero, aun así, ofrecer zonas de acumulación estratégica si se entiende como un componente minoritario y de largo plazo, no como el núcleo del patrimonio.
Ahora bien, todo esto solo funciona si se protege el dinero con método. En 2026 la estabilidad no será la ausencia de movimiento, sino la capacidad del portafolio de absorber cambios simultáneos en política monetaria, geopolítica, tecnología y materias primas. La protección nace de diversificar y de operar con prudencia, disciplina e información.
En ese proceso, activos como los ETFs podrían ser especialmente recomendables para arrancar 2026 porque convierten una estrategia en algo ejecutable y eficiente que permite diversificación inmediata, acceso a sectores, países o materias primas, y una estructura generalmente transparente y fácil de gestionar.
Finalmente, un punto que suele determinar resultados más que la elección del activo, es el bróker intermediario. Elegirlo bien es parte de proteger el dinero. Para este nuevo año, es importante colocar el foco en regulación sólida y verificable, segregación de fondos, historial operativo en episodios de volatilidad, costos totales reales y calidad de ejecución para aumentar la confianza y seguridad de los fondos.
2026 se perfila como un año productivo, que impulsa a muchos a comprender cómo se conectan y se mueven las variables de la economía global.






