Por: Felipe Martin Cuadrado, Director Ejecutivo de Mas Recursos Naturales
La reciente declaración del sistema compuesto por el Estero Pintué, el Estero Santa Marta y la Laguna de Aculeo como Humedal Urbano es, sin duda, una buena noticia. La protección de estas 1.107,5 hectáreas marca un hito en la conservación de nuestra biodiversidad. Sin embargo, la euforia inicial debe aterrizarse rápidamente, porque esta nueva etiqueta ambiental esconde una realidad incómoda: volver a la situación de antes ya no es posible, y tratar de hacerlo tendrá un costo que pocos han calculado.
La inacción del pasado nos ha pasado la cuenta. La demora en tomar medidas preventivas ha derivado hoy en una barrera regulatoria y económica concreta. Al quedar bajo el amparo de la Ley 21.202, la laguna entra en un régimen donde la libertad de gestión hídrica que existía —y que precipitó el desastre— desaparece por completo. Cualquier intento de manipular caudales para «acelerar» artificialmente el llenado queda prohibido sin los permisos correspondientes.
Aquí radica el cambio más tangible y quizás el más doloroso para quienes esperaban soluciones rápidas: se terminaron los arreglos «baratos». La exigencia técnica de proteger el espejo de agua implica que cualquier proyecto de recuperación debe probar, mediante un estricto Estudio de Impacto Ambiental (EIA), que no dañará el ecosistema.
Según las estimaciones actuales, esta validación impone una inversión inicial cercana a los $150 millones. Esta cifra establece una barrera de entrada que antes no existía, transformando la recuperación de la laguna en un desafío financiero mayor. Ya no basta con la voluntad de los vecinos o las autoridades locales; ahora se requiere espalda financiera para estudios rigurosos. Sin esa inversión, la laguna simplemente no se toca.
El paradigma ha cambiado: la gestión del agua prioriza hoy la conservación del hábitat —los cisnes y coipos— por sobre el consumo humano o el desarrollo inmobiliario. Esto obligará al municipio de Paine a establecer ordenanzas que burocratizarán, con justa razón, cualquier intervención.
La declaración de Humedal Urbano funciona hoy como un «candado» necesario ante la falta de gestión anterior. Si los usuarios esperaban una solución mágica para ver la laguna llena como hace una década, la normativa es clara: llegaron tarde. La protección llegó, sí, pero la factura para recuperar el agua será mucho más alta de lo que imaginamos.






