El oro retrocede tras un IPC más fuerte en EE.UU., pero mantiene sesgo positivo en el mediano plazo

El metal precioso sufrió pérdidas momentáneas ante el avance de la inflación en EE.UU., aunque los analistas prevén un desempeño favorable en los próximos meses.

El oro cerró la sesión de este jueves, 11 de septiembre de 2025, en terreno negativo, reflejando la reacción del mercado tras la publicación del IPC de agosto en Estados Unidos. El índice subió un 0,4% en el mes y un 2,9% interanual, por encima de las expectativas, lo que impulsó al dólar y a las tasas reales intradía, restando fuerza al metal después de los máximos históricos alcanzados a inicios de la semana. Aun así, el consenso del mercado se mantiene en torno a un recorte de 25 pb por parte de la Reserva Federal en la próxima reunión, apoyado por las señales de debilidad en el mercado laboral, lo que limitó la corrección del oro.

Desde el punto de vista técnico, la zona de los picos recientes en torno a US$ 3.670/3.675 continúa actuando como resistencia relevante, mientras que el soporte inmediato aparece en US$ 3.620 y, más abajo, en US$ 3.600. En este equilibrio entre una inflación ligeramente más firme y la expectativa de flexibilización monetaria, el metal mantiene un sesgo constructivo en el mediano plazo, aunque se mantiene altamente sensible a nuevas sorpresas inflacionarias y a los movimientos del dólar y de las tasas reales.

El petróleo cayó con fuerza hoy debido a una combinación de factores relacionados con la oferta, la demanda y las expectativas macroeconómicas, lo que generó una presión bajista significativa sobre los precios. En primer lugar, los inventarios de crudo en Estados Unidos sorprendieron al alza, lo que reflejó un debilitamiento de la demanda interna y sugirió que el consumo no está acompañando el ritmo de producción. Este exceso de oferta doméstica tuvo repercusión en el mercado internacional, aumentando el temor a un superávit global.

Al mismo tiempo, el panorama económico estadounidense añadió cautela. Los últimos datos apuntaron a una inflación más persistente y a señales de enfriamiento en la actividad, lo que elevó las dudas sobre la fortaleza del consumo de energía en los próximos meses. Esta percepción redujo el apetito de los inversores por activos ligados al crecimiento.