Por José Luis Veiga, especialista en plataformas de pago
En el mundo globalizado, asumimos que las transacciones financieras son universales. Pero basta pisar las calles de Lima y luego las de Madrid, Berlín o Estocolmo para sentir un pulso distinto. La cultura del pago, ese gesto cotidiano, revela profundas diferencias históricas, económicas y sociales entre Perú y Europa. No es sólo tecnología; es mentalidad, confianza y adaptación.
Perú: la agilidad del salto digital sobre la informalidad
El Perú es un caso fascinante de transformación acelerada. Durante décadas, el efectivo fue rey indiscutible, reflejo de una economía informal significativa y una desconfianza histórica hacia el sistema bancario tradicional. Llevar billetes no era solo costumbre, era una necesidad práctica para mercados, transporte y pequeños comercios donde el plástico brillaba por su ausencia.
Sin embargo, en un salto casi sin aviso, Perú ha abrazado con pasión las billeteras electrónicas, especialmente Yape y Plin. Este fenómeno no es casualidad:
- Respuesta a una necesidad urgente: Ofrecieron soluciones instantáneas, sin necesidad de cuentas bancarias complejas ni historial crediticio, democratizando las transacciones digitales.
- Conveniencia en la informalidad: Permiten pagar en la bodega de la esquina, al vendedor ambulante o dividir la cuenta en una cevichería con la misma facilidad que el efectivo, pero sin su riesgo físico.
- Cultura joven y adaptable: Una población joven, ávida de tecnología, adoptó estas herramientas masivamente, impulsada por su simplicidad e inmediatez («yapeame» o «plineame» es verbo).
- La sombra del efectivo: Aunque retrocede, sigue siendo vital. La desconfianza residual y la necesidad de anonimato en ciertos sectores lo mantienen vigente. Las tarjetas de crédito, mientras tanto, avanzan, pero su penetración aún está muy lejos de los niveles europeos y sigue asociada a un segmento socioeconómico más alto o a compras específicas.
Europa: la diversidad bajo la búsqueda de eficiencia
Hablar de Europa es hablar de un mosaico. Las diferencias entre el norte tecnificado y el sur más aferrado al efectivo (como Alemania y Austria frente a Italia y España) son abismales. Sin embargo, hay patrones:
- Dominio de las tarjetas (especialmente débito): Son el estándar establecido desde hace décadas. El sistema bancario es robusto, la bancarización es casi universal y el uso de tarjetas (contactless especialmente) es fluido, rápido y percibido como seguro en la mayoría de comercios formales. El «tap & go» es la norma.
- Efectivo: Resistencia cultural y privacidad. En países como Alemania, el efectivo es una cuestión cultural profunda vinculada a la privacidad y al control del gasto. En otros, como España o Italia, sigue siendo crucial para pequeños comercios y mercados. El Banco Central Español insiste en mantenerlo como opción accesible.
- Billeteras digitales: Adopción heterogénea. Soluciones como Bizum (España) o Swish (Suecia) tienen éxito local, pero son menos universales que Yape o Plin en Perú. Las grandes (Apple Pay, Google Pay) ganan terreno, pero conviven con las tarjetas físicas. Falta el fenómeno disruptivo «nativo digital» peruano. La infraestructura bancaria existente es tan sólida que dificulta la irrupción de alternativas radicalmente nuevas.
- Regulación y armonización: La UE impulsa fuertemente la integración de pagos, buscando eficiencia y costes bajos en transacciones transfronterizas. La seguridad y la protección al consumidor son pilares fuertes.
El contraste que enseña
- Origen: Europa evolucionó de efectivo a tarjetas a digital. Perú saltó masivamente de efectivo a móvil, casi omitiendo la etapa dominante de las tarjetas.
- Driver principal: En Europa prima la «eficiencia y seguridad» dentro de un sistema consolidado. En Perú, fue la inclusión y la adaptación a la realidad informal lo que impulsó la revolución digital.
- Protagonistas: Europa confía en su sistema bancario tradicional. Perú encontró héroes en soluciones ágiles creadas por los propios bancos (Yape del BCP, Plin para el resto de bancos) pero con lógica de startup.
- Ritmo: Perú muestra una velocidad de adopción asombrosa, impulsada por la necesidad. Europa avanza, pero con el lastre de infraestructuras heredadas y hábitos muy arraigados.
No hay un modelo superior, sino dos respuestas a contextos distintos. Perú enseñó al mundo que la inclusión financiera masiva puede lograrse con soluciones simples, móviles y centradas en el usuario real, saltándose etapas. Europa muestra la solidez, seguridad y eficiencia de un sistema bien regulado, aunque a veces menos ágil para innovaciones disruptivas.
El futuro, en ambos lados del Atlántico, apunta a lo híbrido. Europa deberá facilitar la entrada de innovaciones que incluyan a los rezagados del efectivo. Perú necesita consolidar su sistema, aumentar la seguridad digital y formalizar más su economía para que su revolución sea sostenible. El «Yape» peruano y el «contactless» europeo son caras de una misma moneda: la búsqueda constante de pagar mejor, más fácil y más seguro. Lo fascinante es ver cómo el latido cultural de cada sociedad marca el ritmo de ese cambio.






